Actualidad

Colombia invierte más en educación, pero el aula sigue rezagada

Ceinfes advierte que Colombia aumentó la inversión educativa, pero solo el 3% del presupuesto impacta directamente los aprendizajes en el aula.
Lunes, Abril 13, 2026

Colombia aumentó de forma significativa su inversión pública en educación en los últimos cuatro años, pero los resultados de aprendizaje siguen sin despegar. La inversión anual por estudiante en colegios públicos pasó de $3.306.551 en 2021 a $5.228.648 en 2024, un crecimiento de 58,1%, mientras apenas el 3% del presupuesto total se destina directamente a mejorar los aprendizajes en las aulas.

La radiografía fue presentada por Ceinfes, que analizó cifras oficiales del DANE, el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Educación para el periodo 2021-2024. El hallazgo central es incómodo para la agenda pública: el país está invirtiendo más, pero la calidad educativa no avanza al mismo ritmo.

Más presupuesto, pero concentrado en operación

El aumento del gasto es claro. La inversión general en educación pasó de $46,71 billones en 2021 a $61,69 billones en 2024, con una fuerte concentración en gestión territorial, que absorbió $39,7 billones, y en funcionamiento administrativo, con $15,7 billones.

Óscar Lesmes, director del Grupo de Investigación Ceinfes, resume así esa distribución: “La inversión general en educación aumentó de 46,71 billones de pesos en 2021 a 61,69 billones de pesos en 2024. Para este último año, los recursos se concentran principalmente en dos rubros: gestión territorial, con 39,7 billones de pesos y funcionamiento administrativo, con 15,7 billones de pesos”.

El problema aparece cuando se mira qué parte de esos recursos aterriza realmente en el aprendizaje. Lesmes lo plantea con una cifra que cambia el enfoque del debate: “Tan solo el 3 % de la inversión total está dirigida a programas que impactan directamente el mejoramiento de los conocimientos de los estudiantes, ya que la mayor parte del presupuesto se destina a la operación y funcionamiento de las instituciones educativas”.

Docentes, matrícula y deserción: los otros síntomas del sistema

El análisis también identifica tensiones en el frente docente. La inversión destinada a docentes y directivos del sector oficial pasó de $35.806.237 por docente en 2022 a $45.845.190 en 2023, mientras el número de docentes oficiales cayó de 322.249 a 321.289 en ese mismo periodo. La mayor concentración sigue estando en educación básica, con 71%.

A la par, el sistema viene perdiendo cobertura. La tasa de matrícula cayó de 89,4% en 2021 a 85,6% en 2024, sobre la capacidad instalada del sistema educativo. A eso se suma una tasa de deserción escolar promedio de 4,3% entre 2021 y 2024. Atlántico registra la menor tasa, con 2,2%, mientras Putumayo tiene la más alta, con 7,3%.

Esos datos muestran que el sistema no solo enfrenta un reto de calidad. También enfrenta una presión demográfica, territorial y de permanencia escolar que puede alterar la sostenibilidad del modelo en los próximos años.

El aprendizaje sigue estancado

El punto más delicado del diagnóstico está en los resultados. Pese al aumento del presupuesto, las Pruebas Saber 11 de 2024 muestran que ninguna región del país alcanza el nivel 4 de desempeño en Matemáticas, Lectura Crítica, Inglés, Sociales y Competencias Ciudadanas o Ciencias Naturales.

Lesmes lo explica sin ambigüedad: “Aún no contamos con regiones que se ubiquen en el nivel 4 de desempeño en ninguna de las áreas, considerado el nivel óptimo de desempeño académico según los estándares del Icfes”.

La mayoría de los colegios oficiales se concentra en el nivel 2, mientras departamentos como Chocó, Vichada y Vaupés permanecen en el nivel 1, lo que confirma que las brechas territoriales siguen profundamente abiertas.

La discusión ya no es cuánto, sino cómo

Ceinfes deja planteadas varias preguntas de fondo: por qué Colombia sigue estancada en desempeño si destinó 64,5% del presupuesto del sector a Educación Inicial, Básica y Media y gestión territorial en 2024; qué lecciones de eficiencia y gobernanza están dejando pasar modelos como los de Chile o Uruguay; y cómo preparar al sistema para una caída proyectada de 800.000 estudiantes hacia 2030 sin abrir una crisis laboral docente ni una sobreoferta institucional ineficiente.

Ese es el giro de fondo que exige esta radiografía. El problema de la educación colombiana ya no parece estar solo en el tamaño del presupuesto, sino en la capacidad del sistema para convertir ese gasto en mejoras verificables dentro del aula.

Colombia logró crecer en inversión. Lo que todavía no logra es que ese crecimiento se traduzca en aprendizaje, cierre de brechas y movilidad real para los estudiantes. Si el país no corrige esa desconexión, llegará a 2030 con más dinero invertido, pero con las mismas deudas estructurales en calidad educativa.

Tal vez te has perdido