Innovación
IA en el derecho: eficiencia crece, pero no reemplaza criterio
La inteligencia artificial acelera tareas legales en segundos, pero expertos advierten que el criterio humano sigue siendo clave en decisiones jurídicas hoy
Jueves, Abril 9, 2026
La inteligencia artificial está transformando el trabajo jurídico al reducir tareas que antes tomaban horas a segundos, pero no sustituye el criterio humano en la toma de decisiones legales. Esa es una de las principales conclusiones del análisis presentado por SONDA sobre el impacto de la IA en el ámbito jurídico.
El avance tecnológico permite revisar expedientes, buscar jurisprudencia y organizar información con mayor velocidad, pero también abre un debate clave: hasta qué punto se pueden delegar decisiones en sistemas automatizados sin comprometer la seguridad jurídica.
La eficiencia avanza más rápido que la regulación
El documento advierte que el uso de IA en el derecho se está expandiendo en paralelo a un marco regulatorio aún en construcción en Colombia. La velocidad de adopción está superando la capacidad de establecer reglas claras, lo que genera riesgos en aspectos como protección de datos, privacidad y contexto legal.
El problema no es la tecnología en sí, sino cómo se utiliza. Sistemas automatizados pueden generar resultados incompletos o difíciles de explicar, lo que impacta principios esenciales como la transparencia y el derecho a la defensa.
La IA apoya, pero no decide
El enfoque que plantea SONDA es directo: la inteligencia artificial debe ser una herramienta de apoyo y no el decisor final. El abogado sigue siendo responsable de validar la información, interpretar los resultados y tomar decisiones.
Carolina Buenhombre Patiño, gerente del área jurídica en SONDA Colombia, lo explicó así “La inteligencia artificial está redefiniendo la eficiencia en el sector legal, pero la racionalidad y criterio jurídico sigue siendo sin dudarlo un activo humano.”
Y agregó un punto crítico sobre los límites de la tecnología “Bajo ningún contexto la IA puede reemplazar el rol del abogado, pero claramente sí lo puede potenciar, especialmente en tareas rutinarias que no requieran mayor discernimiento racional.”
El abogado no desaparece, cambia su rol
El impacto de la IA no elimina funciones, pero sí las redefine. Las tareas operativas tienden a automatizarse, mientras que el valor del abogado se concentra en la interpretación, el análisis y la ética.
El documento plantea un modelo híbrido: la tecnología amplifica capacidades, pero el juicio profesional sigue siendo el núcleo del ejercicio jurídico.
Esto implica un cambio estructural en el perfil del profesional legal, que deberá combinar conocimiento técnico con capacidades de supervisión tecnológica.
Gobernanza y control: el nuevo eje del debate
Uno de los puntos más relevantes es la necesidad de construir marcos de gobernanza para el uso de IA. Explicabilidad de algoritmos, trazabilidad de decisiones y supervisión humana aparecen como condiciones indispensables para mantener la confianza en estas herramientas.
Buenhombre lo resumió así “La confianza en la tecnología dependerá, en gran medida, de la capacidad de las organizaciones para demostrar cómo y por qué se toman decisiones con el apoyo de herramientas de automatización.”
Más que automatización: una transformación estructural
El análisis también plantea que el valor de la IA no está solo en automatizar tareas, sino en permitir que los profesionales se concentren en funciones de mayor valor. En sectores altamente regulados, como el financiero o el público, esta integración debe hacerse bajo principios de control, seguridad y cumplimiento normativo.
Además, se abre una oportunidad más amplia: hacer el sistema legal más accesible y eficiente, reduciendo barreras de entrada para ciudadanos y empresas.
La discusión sobre IA en el derecho ya no gira en torno a si se debe usar, sino a cómo se controla. La tecnología está resolviendo el problema de la velocidad, pero deja abierto el de la responsabilidad.
En un entorno donde las decisiones pueden generarse en segundos, el verdadero diferencial no será quién usa IA, sino quién garantiza que esas decisiones siguen siendo justas, explicables y confiables.