Liderando en el siglo XXI desde la perspectiva de Venus

Del liderazgo adaptativo y la agilidad emocional.

Yoli Patricia Marín Calvache

Vicepresidenta de experiencia de Bia Energy

En estos tiempos donde la velocidad y el conocimiento han hecho un cóctel imposible de frenar, se hace necesario que la agilidad emocional tome su participación en el desarrollo de equipos como algo imperativo; este elemento debe ser capitalizado y manejado por los líderes, situación que es la clave de la capacidad de una persona para navegar sus propias emociones y las de su equipo en pos de una seguridad no solo laboral sino psicológica. Es claro que los equipos que se sienten seguros bajo un liderazgo empático innovan un 20% más que aquellos bajo mandos autocráticos (Dra. Amy Edmondson de la Harvard Business School). Esto no se trata de ser “amable” sino de optimizar el capital intelectual. Por ello, las mujeres líderes deben abastecer la tendencia natural hacia la comunicación asertiva y sobre todo la generación de redes colaborativas, transformando la tradicional estructura piramidal hacia una estructura basada en nodos conectados.

Y es que en estos tiempos se entiende que la rentabilidad ya es el KPI protagonista de los indicadores. La integración de criterios denominados ESG (Enviromental, social and governance) se ha transformado en la exigencia de no solo inversionistas sino de los clientes también, por ello la gobernanza sostenible se basa en una clara estrategia de valor, que a su vez se basa en sostenibilidad y participación conjunta de diferentes ópticas, en temas de juntas directivas, presentan mayor beneficio y resultados estables para la organización en periodos más largos. Aquí la mujer en la alta gerencia es la generadora de una visión clara de sostenibilidad que le da un balance mayor al crecimiento periodico con su aporte el mantenimiento de un ecosistema corporativo y su respectivo impacto social a 10 años.

Pero estos retos tienen un aditivo aún que lo hace más interesante: la convergencia ética entre lo humano y las I.A.

Nos encontramos en la era de la “Inteligencia artificial”, “algo que se concede como un modelo de colaboración  donde la tecnología es la responsable de amplificar las capacidades cognitivas del ser humano, pero desde una perspectiva de alta dirección, no se ve la I.A. como un sustituto, sino como una “prótesis cognitiva” que aporta: Velocidad, Precisión en tareas, Reconocimiento de patrones. Lo cual complementa el aporte del humano: Responsabilidad legal y ética, juicio crítico, Comprensión de matices tanto culturales como emocionales.

Todo esto es vital para el rol de la mujer líder de hoy pues le permite delegar la carga operativa pesada a los sistemas, lo cual libera “ancho de banda” mental y, a su vez, las mujeres superan en liderar con excelencia: la gestión de la complejidad relacional, la famosa resiliencia organizacional y la visión sistemática del negocio. 

Y como se refleja esto en el liderazgo actual de las mujeres:  como primera medida asegurando que el uso de la A.I. no elimine el pensamiento crítico… la supervisión ética de los algoritmos se configura como la nueva responsabilidad corporativa y por otro lado se requiere una sensibilidad especial que permita liderar este “upskilling” que se hace presente en la fuerza laboral, garantizando que la adopción de estas tecnologías sea inclusiva y no genere brechas insalvables en el talento.

Con base en esta metáfora y ubicando la Inteligencia Aumentada, la labor de Venus como líder no está en el ejercicio de una autoridad de fuerza, sino en su capacidad para actuar como el nodo central que armoniza y potencia las virtudes dispersas. Al igual que un sistema de A.I. procesa datos crudos para entregar claridad, Venus toma las voluntades individuales y, mediante una curaduría estratégica de afectos y alianzas, las transforma en una visión sistémica que asegura la cohesión del equipo que lidera. Por ello, la verdadera gobernanza moderna no es la que domina la ejecución, sino la que sabe orquestar el talento y la pasión para convertirlos en un activo corporativo eterno.

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