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Colegios privados llegan optimistas al nuevo gobierno, pero sin reservas para 2027
El informe Educación en Cifras 2026 de mattilda revela optimismo en colegios privados, pero también fragilidad financiera y dependencia de pensiones.
Lunes, Junio 22, 2026
El próximo gobierno recibirá un sector educativo privado que mira el futuro con optimismo, pero con señales financieras que limitan su capacidad de crecer, invertir e innovar. El informe Educación en Cifras 2026, realizado por mattilda, revela que 95,9% de los colegios privados encuestados cree que su institución estará mejor en los próximos cinco años, aunque 70,8% no cuenta con reservas para 2027.
La tensión entre confianza y fragilidad resume uno de los principales desafíos para la agenda educativa que tendrá que discutir el país: ampliar cobertura y mejorar calidad, sí, pero también garantizar que las instituciones que prestan el servicio puedan sostener su operación.
El reporte muestra señales de recuperación. El 47,2% de los colegios aumentó su matrícula frente a 2025, casi el doble del 24% registrado el año anterior. Sin embargo, la mejora en nuevos estudiantes no se ha traducido en mayor estabilidad. El 58,4% de las instituciones no tiene un colchón financiero para sostenerse seis meses y la ocupación promedio cayó del 68% al 62%.
Matrícula al alza, pero menor ocupación
El dato de matrícula es una buena noticia para un sector golpeado por la caída de la natalidad, la reducción de estudiantes y el aumento de los costos operativos. De acuerdo con cifras de Acopricol citadas en el insumo, en los últimos cinco años han cerrado cerca de 800 instituciones educativas en Colombia.
Ese antecedente explica por qué el crecimiento reportado en 2026 no puede leerse como recuperación plena. Más colegios lograron aumentar matrícula, pero la ocupación promedio bajó, lo que indica que muchas instituciones aún operan con capacidad instalada subutilizada.
Para un colegio privado, tener salones, infraestructura, equipos y personal por debajo de su potencial afecta directamente los márgenes. La presión no solo está en atraer nuevas familias, sino en llenar cupos, reducir cartera y encontrar fuentes de ingreso que no dependan exclusivamente de las pensiones.
El riesgo de depender casi por completo de las pensiones
Uno de los hallazgos más sensibles del informe está en la diversificación de ingresos. Los colegios sin fuentes adicionales pasaron del 29% al 43,5%, lo que deja a más instituciones dependiendo casi por completo del pago mensual de las familias.
Esa dependencia aumenta la exposición a la morosidad. En 2026, el 91,7% de los colegios reconoce que la mora afecta su funcionamiento mensual. Además, las instituciones con cartera a fin de año superior al 10% pasaron del 6% al 12,3%.
La lectura para el próximo gobierno es directa: la sostenibilidad educativa no se limita al presupuesto público ni a los indicadores de cobertura. También pasa por la capacidad de gestión de los colegios privados, que atienden a una parte relevante de la población escolar y enfrentan presiones similares a las de cualquier organización intensiva en operación, talento humano e infraestructura.
“En Colombia se habla mucho de cobertura, permanencia y calidad, pero también es necesario hablar de la sostenibilidad de quienes prestan el servicio educativo. Un colegio sin estabilidad financiera difícilmente puede invertir en innovación, fortalecer sus equipos o acompañar mejor a sus estudiantes. Por eso, si el próximo gobierno quiere impulsar una agenda educativa de largo plazo, la gestión administrativa y financiera de las instituciones también debe hacer parte de la conversación”, afirmó José David Tena Gascón, Chief Revenue Officer de mattilda.
Financiamiento: necesidad alta, acceso limitado
El informe también evidencia una brecha entre la necesidad de recursos y el acceso real a financiamiento. Aunque solo el 35,2% de los colegios tiene crédito activo, el 67% está interesado en acceder a financiamiento y el 51,6% ya lo ha intentado.
La cifra sugiere que muchos colegios quieren invertir, modernizarse o cubrir necesidades operativas, pero no siempre encuentran condiciones adecuadas para hacerlo. En un sector con ingresos recurrentes, pero expuesto a mora y calendarios de pago, el acceso a soluciones financieras puede definir la capacidad de sostener proyectos académicos, tecnológicos y de infraestructura.
El punto no es menor para la competitividad del sistema. Una institución sin margen financiero tiende a postergar inversiones en innovación pedagógica, formación docente, herramientas tecnológicas, mantenimiento o experiencia de las familias.
Tecnología fragmentada y directivos atrapados en la operación
La gestión administrativa aparece como otro frente crítico. Según el informe, casi dos de cada tres colegios trabajan con plataformas no integradas a su operación diaria. Esa fragmentación genera duplicidad de tareas en el 85% de los casos y reduce el tiempo disponible de los directivos para planeación, crecimiento e innovación.
En la práctica, una institución con datos dispersos, procesos manuales y baja integración tecnológica puede terminar dedicando más energía a resolver la operación diaria que a construir una estrategia de largo plazo.
“Uno de los mayores riesgos para los colegios es que la operación diaria termine absorbiendo la estrategia. Cuando una institución mantiene infraestructura subutilizada, procesos administrativos poco eficientes y poco margen financiero, le queda menos capacidad para invertir, modernizarse y competir por nuevas familias”, añadió José David Tena Gascón, Chief Revenue Officer de mattilda.
La discusión educativa del nuevo gobierno tendrá que mirar más allá de los grandes indicadores nacionales. Si el país quiere mejorar permanencia, calidad y experiencia educativa, también deberá preguntarse cómo fortalecer la gestión de las instituciones que sostienen buena parte del servicio.
El optimismo de los colegios privados muestra que el sector no se siente derrotado. Pero el dato de reservas para 2027 deja una advertencia concreta: sin sostenibilidad financiera, el crecimiento educativo puede quedarse en intención, incluso cuando la demanda empieza a recuperarse.