Durante años, el mercado tecnológico latinoamericano estuvo dominado por una lógica clara: comprar el dispositivo más económico posible. Pero ese comportamiento comenzó a transformarse. Hoy, el consumidor compara especificaciones, analiza reseñas, evalúa rendimiento y entiende que la tecnología ya no es únicamente un gasto, sino una herramienta estratégica para productividad, aprendizaje y trabajo.
Según Nicolás Cánovas, Director General de AMD para Latinoamérica, el usuario latinoamericano se ha vuelto más exigente, informado y consciente del valor de largo plazo que puede ofrecer un dispositivo.
La inteligencia artificial redefine los criterios de compra
La evolución del consumidor coincide con otro cambio estructural: la llegada de la inteligencia artificial a dispositivos de uso cotidiano. La discusión ya no gira únicamente alrededor de almacenamiento, diseño o velocidad de procesamiento. Ahora aparecen factores como inferencia local, privacidad, eficiencia y velocidad de respuesta.
La inferencia —el momento en que la IA ejecuta tareas para el usuario— comienza a convertirse en un nuevo factor diferencial dentro del mercado tecnológico. Funciones como resumir documentos, interpretar información, optimizar procesos o generar contenido directamente desde el dispositivo ya empiezan a influir en las decisiones de compra.
Para Nicolás Cánovas, cuando esas funciones ocurren directamente en el equipo y no dependen completamente de la nube, la experiencia cambia de forma significativa gracias a una menor latencia, respuestas más rápidas y mayor privacidad para el usuario.
América Latina acelera cuando la innovación demuestra utilidad
Aunque América Latina suele adoptar nuevas tecnologías de manera más gradual que otros mercados, el comportamiento cambia cuando la innovación demuestra beneficios concretos para empresas y usuarios.
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025, desarrollado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) de Chile y la CEPAL, que evidencia un crecimiento sostenido en la adopción de soluciones de IA útiles y accesibles en la región, aunque persisten brechas en infraestructura, inversión y talento especializado.
Ese comportamiento revela una madurez distinta del mercado regional. El consumidor latinoamericano ya no solo busca acceder a tecnología, sino entender cómo puede mejorar su productividad, eficiencia y experiencia diaria.
El hardware vuelve a tomar protagonismo estratégico
En este contexto, el hardware recupera relevancia dentro de la conversación tecnológica. La utilidad de la inteligencia artificial depende directamente de que las funciones sean rápidas, seguras, eficientes y fáciles de usar.
Por esa razón, fabricantes como AMD están incorporando unidades especializadas de procesamiento neuronal (NPU) dentro de computadores empresariales y dispositivos personales para ejecutar tareas de IA directamente desde el equipo.
Según Nicolás Cánovas, tecnologías como AMD Ryzen AI PRO buscan responder a las nuevas exigencias de procesamiento de inteligencia artificial en entornos empresariales, especialmente en temas relacionados con rendimiento local, eficiencia operativa y seguridad de los datos.
La conversación tecnológica empieza a desplazarse desde la potencia bruta hacia la capacidad de adaptación a nuevas cargas de trabajo basadas en IA. Eso incluye protección de datos, desempeño sostenido, eficiencia energética y operación en entornos híbridos.
El consumidor tecnológico latinoamericano ya cambió
El cambio del consumidor refleja una transformación más profunda del mercado regional. El precio sigue siendo importante, pero dejó de ser el único criterio decisivo.
Hoy, las personas quieren entender cuánto valor real puede ofrecer un dispositivo a lo largo de su vida útil. Buscan equipos capaces de acompañar nuevas dinámicas de trabajo, estudio y productividad impulsadas por inteligencia artificial.
Para Nicolás Cánovas, democratizar la IA implica precisamente hacer que sus beneficios sean más accesibles, prácticos y relevantes para más personas y empresas en la región.
Ese cambio también obliga a las compañías tecnológicas a replantear su narrativa comercial. La conversación dejó de centrarse exclusivamente en especificaciones y comenzó a enfocarse en experiencia, utilidad y valor tangible para el usuario final.