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El 77% de los colombianos desconoce una causa clave de ceguera irreversible
Bayer advierte que 77% de los colombianos desconoce la retinopatía diabética, mientras la innovación médica busca aliviar la carga terapéutica.
Viernes, Abril 17, 2026
La salud visual sigue llegando tarde a la conversación pública en Colombia. El 77% de los colombianos nunca ha oído hablar de la retinopatía diabética y el 54% desconoce la degeneración macular relacionada con la edad, dos de las principales causas de pérdida visual irreversible si no se detectan y tratan a tiempo. A la vez, la ciencia está abriendo una nueva etapa en el manejo de estas patologías: tratamientos con menor frecuencia de aplicación y menor carga para pacientes y cuidadores.
El problema no es menor. Según el documento, cerca de 1.000 millones de personas en el mundo viven con una pérdida evitable de la visión, mientras en Colombia existen aproximadamente 236.076 personas con ceguera, de acuerdo con cifras citadas del DANE e INCI. Ese panorama explica por qué Bayer decidió centrar su mensaje en la necesidad de diagnosticar antes y tratar mejor.
La carga de la enfermedad va más allá del paciente
El punto crítico del debate no está solo en la enfermedad, sino en lo que implica sostener el tratamiento. En patologías de retina, la atención suele exigir traslados frecuentes, acompañamiento permanente y una alta dependencia del cuidador, factores que terminan afectando la adherencia terapéutica y, con ella, la autonomía del paciente.
Jorge Ancona, presidente de Bayer Colombia, lo plantea en términos concretos: “En el manejo de las enfermedades de la retina, enfrentamos un reto persistente: la carga del tratamiento para el entorno del paciente. Factores como los traslados frecuentes, el tiempo invertido y la dependencia de un cuidador impactan directamente en la adherencia a la terapia”. Y añade una consecuencia de fondo: “Cuando ésta se interrumpe, las consecuencias trascienden lo médico para convertirse en una pérdida real de autonomía y bienestar para las personas”.
El costo de no ver también golpea al sistema
La nota pone sobre la mesa otro ángulo poco discutido: la pérdida de visión no solo deteriora calidad de vida, también genera un costo social y económico amplio. Cuando un paciente pierde autonomía, con frecuencia un familiar debe dejar de trabajar para convertirse en cuidador, lo que amplifica el impacto más allá del consultorio.
Juan Sebastián Salcedo, Development Pipeline Chapter Head para PACA, resume esa dimensión así: “Cuando una persona pierde visión, el impacto sale del consultorio: afecta la productividad y casi siempre obliga a un familiar a abandonar su empleo para convertirse en cuidador”. Y remata con una lectura que traslada el problema al plano público: “Preservar la visión es una inversión que evita costos mayores por discapacidad, accidentes y deterioro de la salud mental, garantizando la sostenibilidad del sistema”.
El documento agrega un dato que refuerza esa presión financiera: el costo promedio anual de tratar a un paciente con degeneración macular relacionada con la edad llega a $30,3 millones, mientras en edema macular diabético asciende a $22,7 millones.
La innovación busca reducir la frecuencia del tratamiento
Uno de los avances destacados por Bayer está en la posibilidad de extender los intervalos de aplicación de medicamentos en ciertas enfermedades de la retina. Según el texto, 78% de los pacientes con DMRE y 88% de los pacientes con EMD podrían ampliar sus intervalos hasta 20 semanas o más, de acuerdo con la valoración médica.
Ese cambio tiene un efecto directo sobre la vida cotidiana. Menos aplicaciones significan menos ansiedad para el paciente, menos traslados para el cuidador y más capacidad operativa para las clínicas, que podrían atender a más personas con la misma infraestructura.
La salud visual entra a una discusión más amplia
La campaña “Ver la vida”, lanzada por Bayer, busca instalar un mensaje más ambicioso que el de una innovación puntual: la visión debe ser entendida como parte esencial del bienestar, la productividad y la autonomía. En ese marco, el caso de Frank Villanueva, músico y fundador de la Fundación Livicol, aparece en la nota como ejemplo de cómo la discapacidad visual no debe clausurar talento ni proyecto de vida.
La reflexión final del documento apunta a una conclusión difícil de ignorar: la ciencia ya avanzó en simplificar terapias; ahora el desafío está en que la población conozca los riesgos y acceda a diagnóstico y tratamiento oportunos. En un país donde millones de personas siguen lejos de una conversación básica sobre salud visual, ese rezago no es solo médico. También es social, económico y de política pública.