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La IA está obligando a las empresas a redefinir qué significa ser productivas

La inteligencia artificial mejora procesos, pero también reabre el debate sobre cómo medir la productividad en las empresas.
Lunes, Junio 8, 2026

La llegada de la inteligencia artificial a las organizaciones prometía automatizar tareas, optimizar procesos y liberar tiempo para actividades de mayor valor. Sin embargo, a medida que la tecnología avanza, surge una pregunta cada vez más relevante para las empresas: ¿la productividad está mejorando o simplemente se están elevando las exigencias sobre los trabajadores?

El debate cobra especial relevancia en Colombia, donde la adopción de inteligencia artificial todavía se encuentra en una etapa temprana. Según el informe Adopción mundial de la IA de Microsoft citado por EAE Business School, el país alcanza una tasa de adopción del 24,5%, ubicándose en el puesto 41 a nivel global, aunque ha mostrado crecimiento durante los últimos meses.

La productividad ya no se mide únicamente por volumen

La incorporación de herramientas de automatización está modificando la manera en que las organizaciones evalúan el desempeño.

Maite Moreno, directora del Máster en Recursos Humanos de EAE Business School, sostiene que la discusión ya no puede centrarse exclusivamente en producir más en menos tiempo.

"La automatización y la inteligencia artificial han cambiado la manera de pensar la productividad. Ya no implica hacer más en menos tiempo, sino preguntarnos qué valor se genera, con qué calidad y a qué coste humano", explica.

La especialista señala que muchas tareas repetitivas están siendo absorbidas por la tecnología, permitiendo que los trabajadores dediquen más tiempo a actividades estratégicas. Sin embargo, advierte que este mismo proceso está elevando las expectativas sobre los equipos y aumentando la presión por generar resultados en menos tiempo.

La eficiencia puede convertirse en una fuente de sobrecarga

Uno de los riesgos identificados por la experta es que la eficiencia sea interpretada únicamente como una capacidad para asumir más trabajo.

Según el análisis, la automatización elimina actividades de bajo valor, pero no necesariamente reduce la carga laboral. En muchos casos, el tiempo liberado termina siendo ocupado por nuevas responsabilidades, generando una sensación permanente de aceleración y mayor exigencia.

A este fenómeno se suma la hiperconectividad, que ha reducido la separación entre la jornada laboral y los espacios de descanso, fortaleciendo la expectativa de disponibilidad constante.

"Tiene que haber límites claros para que la eficiencia operativa no lleve al desgaste humano. En la búsqueda de la optimización, se puede impactar directamente en la motivación y la creatividad de los trabajadores, y esto mina el desempeño a largo plazo", advierte Moreno.

El verdadero desafío está en qué hacer con el tiempo que libera la IA

Para las organizaciones, el reto no termina con la implementación tecnológica.

La especialista plantea que las empresas deben tomar decisiones estratégicas sobre cómo utilizar la capacidad adicional generada por la automatización. El impacto dependerá de si ese tiempo se destina a innovación, calidad, desarrollo profesional o simplemente a incrementar la cantidad de tareas asignadas.

"Si ese tiempo se utiliza para mejorar la calidad del trabajo, innovar o incluso reducir la carga operativa, el impacto será muy positivo. Pero si simplemente se llena con más tareas, no hay una ganancia real", afirma.

Esta discusión también está modificando los indicadores utilizados para medir resultados. El volumen de trabajo pierde relevancia frente a métricas relacionadas con cumplimiento de objetivos, calidad de resultados, tiempos realistas de entrega, satisfacción del cliente y bienestar de los colaboradores.

Un debate más cultural que tecnológico

La reflexión propuesta por EAE Business School plantea que la adopción de inteligencia artificial no garantiza por sí sola mejoras en productividad ni en calidad de vida laboral.

Maite Moreno considera que el verdadero desafío está en las decisiones organizacionales que acompañan la transformación tecnológica.

"La productividad sostenible, donde la IA reduce las tareas de bajo valor y mejora procesos, implica pensar qué hacen las organizaciones con esa capacidad liberada. O bien puede mejorarse la calidad del trabajo y, por ende, el bienestar del trabajador, o puede convertirse en una oportunidad para hacer más en menos tiempo. Es un debate más cultural que tecnológico", concluye.

La inteligencia artificial está acelerando la transformación del trabajo, pero también está obligando a las organizaciones a revisar sus propios modelos de gestión. La diferencia entre una empresa más eficiente y una organización más exigente no dependerá únicamente de la tecnología que implemente, sino de la manera en que redefina el valor del tiempo, el bienestar y la productividad en los próximos años.