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Las lecciones del freestyle sobre creatividad, adaptación y bienestar de las personas
El freestyle urbano deja lecciones de creatividad, adaptación y bienestar para empresas que buscan equipos más humanos y resilientes.
Jueves, Junio 18, 2026
Por: Alejandra Varela, periodista invitada Revista C-level
Mientras las empresas buscan fortalecer habilidades como la adaptación, la creatividad y la resiliencia, algunos de esos aprendizajes llevan años desarrollándose en escenarios poco convencionales. Para varios exponentes de la danza urbana en Colombia, el freestyle no solo es una forma de expresión artística: también es una escuela de autoconocimiento, gestión de la presión y construcción de comunidad.
Para Daniel S. Quiroz Manco, conocido como Nevil, el verdadero reto del freestyle no consiste únicamente en ejecutar movimientos complejos. La dificultad está en algo mucho más profundo: aprender a expresar quién se es realmente.
"Es muy difícil realmente darte cuenta de quién eres y poder mostrar vulnerablemente al mundo quién sos a través del movimiento", explica.
Desde su experiencia en el whacking y en escenarios internacionales, Nevil considera que la danza ha sido una herramienta para desarrollar una capacidad cada vez más demandada en cualquier ámbito profesional: responder a situaciones cambiantes sin perder claridad ni propósito.
En las batallas de freestyle las decisiones deben tomarse en cuestión de segundos. Sin embargo, para él la clave no está en reaccionar impulsivamente, sino en aprender a procesar la presión de manera consciente.
"Cómo asumo las cosas que me pasan en cuestión de segundos para poder reaccionar de una manera cohesiva y coherente frente a lo que estoy afrontando", resume al describir uno de los aprendizajes más valiosos que le ha dejado la danza.
Una reflexión que también aplica a los entornos laborales. Según Nevil, cuando las personas operan constantemente bajo presión corren el riesgo de agotar su creatividad y caer en dinámicas de desgaste similares al burnout. Por eso insiste en la importancia de encontrar espacios para procesar, reflexionar y recuperar el equilibrio.
Compartir para crecer
La construcción de habilidades individuales también depende del entorno en el que se desarrollan.
Para Peke, bailarín y formador de LiteFeet en Colombia, una de las principales responsabilidades de quienes hacen parte de la cultura urbana es compartir conocimiento y abrir espacios para nuevas generaciones.
A lo largo de su trayectoria ha entendido que el crecimiento de una comunidad ocurre cuando las personas encuentran referentes que les demuestran que también pueden avanzar, aprender y construir sus propios caminos.
Su visión del liderazgo se aleja de la competencia individual y se acerca más a la colaboración. Para él, el verdadero impacto está en dejar herramientas, oportunidades y confianza para quienes vienen detrás.
Esa misma filosofía ha convertido a la danza en un espacio donde la creatividad se fortalece a través del intercambio constante de experiencias, aprendizajes y perspectivas.
El movimiento como oportunidad
En el caso de Jorge, conocido artísticamente como Chumi, la danza también representa una posibilidad de transformación personal.
Originario de Vigía del Fuerte, Antioquia, comenzó a formarse de manera empírica observando videos y replicando movimientos a través de la pantalla. Con el tiempo, esa curiosidad se convirtió en una carrera dentro del freestyle y en una puerta para conocer nuevos escenarios y culturas.
Para él, las redes sociales y la visibilidad digital han permitido que más personas descubran oportunidades que antes parecían lejanas. También han servido para inspirar a jóvenes que encuentran en el movimiento una forma de desarrollar confianza y proyectarse hacia nuevos objetivos.
Su estilo en tres palabras representa: autenticidad, felicidad y flow. Una definición que resume buena parte de lo que la danza significa para él: la posibilidad de expresarse, disfrutar el proceso y construir una identidad propia.
Una lección para cualquier profesión
Aunque provienen de experiencias distintas, Nevil, Peke y Chumi coinciden en una idea fundamental: el desarrollo humano no depende únicamente de conocimientos técnicos.
La capacidad de adaptarse, colaborar, aprender constantemente y mantener una conexión con uno mismo se ha convertido en una ventaja cada vez más relevante dentro y fuera de los escenarios.
Para Nevil, incluso algo tan cotidiano como el movimiento encierra una lección que suele pasar desapercibida.
"Todos de cierta manera somos artistas creativos en cualquiera de nuestros ámbitos laborales", afirma.
Por eso insiste en que las personas deberían prestar más atención a su bienestar físico y mental, reconocer el valor del movimiento y entender que la creatividad también necesita espacios para respirar.
Su reflexión final resume el espíritu de estas historias:
"Cuando la quietud llega, todo pesa".
En tiempos donde la velocidad parece ser la norma, la danza recuerda que adaptarse, crear y crecer también requiere consciencia, equilibrio y conexión humana.