La confianza es el siguiente gran desafío de los pagos digitales
Los pagos digitales seguirán evolucionando y veremos cada vez más tecnologías destinadas a proteger las transacciones. Pero ninguna innovación alcanzará todo su potencial si las personas no comprenden cómo utilizarla.
Lunes, Septiembre 28, 2026
Durante los últimos años, Colombia ha dado pasos firmes en la transformación de su ecosistema de pagos. Hoy hablamos de pagos inmediatos, billeteras digitales, tokenización, biometría e inteligencia artificial aplicada a la prevención del fraude. Sin embargo, hay un aspecto que suele recibir menos atención y que, en mi opinión, será determinante para el futuro del comercio electrónico, y es la confianza del usuario.
Cada avance tecnológico que incorporamos al proceso de pago tiene un objetivo claro, y es proteger mejor las transacciones sin afectar la experiencia de compra. Uno de esos mecanismos es 3D Secure (3DS), un protocolo de autenticación que agrega una capa adicional de seguridad para confirmar que quien realiza la compra es realmente el titular del medio de pago.
Su implementación ya es una realidad en Colombia. Pasarelas de pago, entidades financieras, comercios y redes procesadoras cuentan con la capacidad tecnológica para operar bajo este estándar. Es decir, desde el punto de vista de la infraestructura, el ecosistema está preparado.
Sin embargo, el verdadero reto no está en la tecnología, porque la experiencia internacional demuestra que el mayor desafío es cultural. Europa ofrece un buen ejemplo. Allí, la obligatoriedad de 3DS estuvo acompañada por un importante esfuerzo de comunicación liderado principalmente por bancos y emisores. Los consumidores entendieron por qué aparecía un nuevo paso durante el proceso de compra, cómo debían autenticarse y qué beneficios obtenían en términos de seguridad. Esa pedagogía fue clave para que el mecanismo dejará de percibirse como un obstáculo y se convirtiera en una práctica habitual.
En Colombia, el escenario es diferente. Aunque el protocolo ya está disponible, su implementación aún no es obligatoria, por lo que cada actor del ecosistema define su estrategia de adopción. Esto genera un contexto en el que muchos consumidores todavía se encuentran con una pantalla de autenticación que no esperaban y cuya finalidad desconocen.
El resultado es predecible, algunos usuarios dudan, otros creen que se trata de un error o incluso de un intento de fraude, y muchos abandonan la compra antes de finalizarla. No estamos frente a una falla tecnológica; estamos frente a un problema de experiencia y conocimiento. Paradójicamente, una herramienta diseñada para aumentar la seguridad puede convertirse en un factor de abandono si el usuario no entiende por qué está ocurriendo ese paso adicional.
Por eso, el debate no debería centrarse únicamente en si 3DS será obligatorio o no en Colombia. La verdadera conversación debe enfocarse en cómo preparar al mercado para aprovechar todos sus beneficios. La educación financiera y digital será tan importante como la innovación tecnológica. Bancos, comercios, adquirentes, pasarelas de pago y redes procesadoras tienen una oportunidad de trabajar conjuntamente para explicar a los consumidores cómo funciona este mecanismo, cuándo aparecerá durante una compra y por qué representa una protección adicional para su dinero y su información. Cuando un usuario entiende el proceso, la percepción cambia. La autenticación deja de verse como una fricción para convertirse en una señal de confianza.
Los pagos digitales seguirán evolucionando y veremos cada vez más tecnologías destinadas a proteger las transacciones. Pero ninguna innovación alcanzará todo su potencial si las personas no comprenden cómo utilizarla.
En definitiva, construir un ecosistema de pagos más seguro no depende únicamente de desarrollar mejores tecnologías. También implica acompañar a los usuarios en ese proceso de transformación. Porque la confianza no se instala por decreto ni por regulación, sino que se construye explicando, educando y generando experiencias que combinen seguridad con simplicidad. Ese será, probablemente, el próximo gran desafío para toda la industria de pagos en Colombia.