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Ruido laboral eleva alerta por pérdida auditiva en Colombia

La hipoacusia sigue entre las enfermedades laborales más vigiladas en Colombia y pone presión sobre la prevención del ruido en el trabajo diario hoy
Jueves, Marzo 26, 2026

La hipoacusia neurosensorial sigue bajo vigilancia en Colombia como una de las enfermedades laborales de mayor prevalencia, incluso en un contexto donde la accidentalidad ha mostrado descensos. La advertencia, con corte a marzo de 2025, vuelve a poner el foco en un riesgo que suele pasar desapercibido en fábricas, calles, obras y oficinas: el ruido constante.

El problema es silencioso en su avance, pero no en su origen. La exposición prolongada a niveles superiores a 85 decibelios —equivalentes al tráfico pesado o a una aspiradora potente— puede dañar de forma irreversible las células del oído interno. Ese deterioro no siempre aparece de golpe; muchas veces se instala de manera gradual hasta afectar la comunicación, el desempeño y la calidad de vida del trabajador.

La pérdida auditiva laboral no empieza con un accidente

Una de las mayores dificultades de esta enfermedad es que no suele presentarse como un evento abrupto. Empieza con señales que muchos trabajadores normalizan: pedir que les repitan las cosas, sentir zumbidos al terminar la jornada, salir con sensación de presión en los oídos o subir más de lo habitual el volumen de la radio o del televisor al llegar a casa.

Ese patrón hace que el problema llegue tarde al diagnóstico. Cuando el daño se detecta después de meses o años de exposición, el margen de recuperación suele ser mucho menor.

El ruido de fondo también enferma

El insumo pone sobre la mesa una idea importante: no solo los entornos industriales representan un riesgo. El zumbido permanente de maquinaria, el tráfico constante o el bullicio de oficinas abiertas también forman parte de una exposición acústica que puede convertirse en enfermedad laboral si no se controla a tiempo.

La discusión, por tanto, no se limita a sectores pesados. También toca a empresas de servicios, logística, comercio y operaciones urbanas donde el ruido se volvió parte del paisaje cotidiano y dejó de ser percibido como amenaza.

Prevenir cuesta menos que reparar

Frente a este panorama, el insumo recoge varias recomendaciones prácticas de GAES para reducir el riesgo en el entorno de trabajo:

  • Usar protección auditiva certificada, según el tipo de exposición.

  • Aplicar la regla 60/60 si se usan auriculares: no superar el 60 % del volumen ni más de 60 minutos seguidos.

  • Mantener distancia frente a fuentes directas de ruido.

  • Hacer descansos auditivos de al menos 10 minutos tras una hora de exposición intensa.

  • Realizar audiometrías periódicas, al menos una vez al año.

La relevancia de estas medidas está en que la pérdida auditiva suele ser indolora. Esperar a que el daño sea evidente casi siempre significa llegar tarde.

Una variable de salud laboral que sigue subestimada

El mensaje de fondo tiene implicaciones para empresas y trabajadores. La salud auditiva no debería verse como un tema accesorio de bienestar, sino como una pieza de seguridad laboral y productividad. Un trabajador que escucha peor no solo enfrenta un deterioro personal; también puede tener más dificultades para seguir instrucciones, detectar alertas o comunicarse con su equipo.

En esa línea, la vigilancia sobre la hipoacusia neurosensorial no responde únicamente a un criterio médico. También refleja el costo humano y operativo de ignorar una exposición que, en muchos casos, podría prevenirse con controles básicos y seguimiento periódico.

Si las compañías siguen tratando el ruido como parte normal del trabajo, el país seguirá acumulando diagnósticos evitables de pérdida auditiva. Y ahí el costo ya no será solo clínico: también será laboral, productivo y social.