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Dormir menos de seis horas puede aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas
Dormir menos de seis horas puede aumentar la vulnerabilidad frente al Alzheimer y el Parkinson. La gimnasia del sueño busca fortalecer el descanso.
Jueves, Julio 23, 2026
Dormir menos de seis horas diarias puede aumentar la vulnerabilidad del cerebro frente a procesos relacionados con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, según explicó Iván Augusto Gaona Barbosa, neurólogo y especialista en neurofisiología de la Clínica del Country.
El especialista señala que el sueño no es un periodo de inactividad. Durante las fases profundas del descanso, el cerebro consolida aprendizajes, recupera funciones y realiza procesos de limpieza metabólica que ayudan a eliminar sustancias producidas por la actividad neuronal.
La alteración persistente de ese proceso puede afectar la memoria, el rendimiento cognitivo y la salud neurológica a largo plazo. Frente a este riesgo, la Clínica del Country plantea el concepto de “gimnasia del sueño”, una estrategia dirigida a entrenar hábitos que favorezcan un descanso reparador.
“El cerebro aprende mientras duerme, eso es una frase simplista, pero sin lugar a dudas real”, explicó Iván Augusto Gaona Barbosa, neurólogo y especialista en neurofisiología de la Clínica del Country.
El cerebro utiliza el sueño para eliminar residuos
Durante el sueño profundo se activa un proceso de limpieza metabólica que permite retirar sustancias acumuladas como resultado del funcionamiento de las neuronas.
El alfa-amiloide como una de esas sustancias y relaciona su acumulación con condiciones que afectan la memoria, especialmente la enfermedad de Alzheimer.
Cuando el sueño es insuficiente o se interrumpe de manera constante, ese proceso de eliminación puede perder eficiencia. El efecto no aparece únicamente como cansancio al día siguiente: puede convertirse en un factor que aumente la vulnerabilidad neurológica con el paso de los años.
Dormir más tiempo tampoco garantiza por sí solo una protección completa. La calidad, continuidad y profundidad del descanso determinan si el cerebro logra completar las fases necesarias para su recuperación.
Los cambios en el sueño pueden anticipar problemas neurológicos
La alteración de la estructura del sueño también puede relacionarse con enfermedades que afectan el movimiento, como el Parkinson.
Según el especialista, algunos trastornos del descanso pueden interactuar con la progresión de esta condición e incluso presentarse como señales clínicas tempranas.
Esto no significa que toda persona con insomnio o sueño interrumpido vaya a desarrollar una enfermedad neurodegenerativa. Sin embargo, cambios persistentes en la calidad del descanso deben ser observados, especialmente cuando se acompañan de problemas de memoria, alteraciones motoras o dificultades para realizar actividades cotidianas.
La evaluación médica permite diferenciar entre malos hábitos, trastornos del sueño y manifestaciones que requieren un análisis neurológico más amplio.
Seis horas aparecen como un límite de protección
Dormir menos de seis horas incrementa la vulnerabilidad neuronal frente a la acumulación de determinadas proteínas.
Mantener un descanso superior a ese umbral favorecería la preservación de las capacidades cognitivas, aunque las necesidades pueden variar según la edad, el estado de salud y las características de cada persona.
La recomendación no consiste únicamente en permanecer seis horas en la cama. El sueño debe ser suficientemente continuo y profundo para permitir que el cerebro complete sus ciclos de reparación.
Por eso, despertarse repetidamente, consumir sustancias estimulantes antes de acostarse o mantener horarios irregulares puede reducir el beneficio incluso cuando el tiempo total parece adecuado.
La gimnasia del sueño busca entrenar el descanso

La “gimnasia del sueño” parte de una idea sencilla: así como el cuerpo necesita entrenamiento constante, el descanso también puede fortalecerse mediante hábitos repetidos.
“Hay algo que llamo gimnasia del sueño; así como entrenamos nuestro cuerpo, hay que entrenar nuestro sueño”, afirmó Iván Augusto Gaona Barbosa, neurólogo y especialista en neurofisiología de la Clínica del Country.
Una de las principales prácticas es acostarse y despertarse a la misma hora todos los días. La regularidad ayuda al organismo a reconocer cuándo debe activar los mecanismos asociados con el descanso.
“Somos animales de hábitos, entonces tenemos que lograr unas estructuras claras”, agregó Iván Augusto Gaona Barbosa, neurólogo y especialista en neurofisiología de la Clínica del Country.
También se recomienda reducir el consumo nocturno de bebidas energizantes, cafeína, alcohol y otros productos que pueden alterar la continuidad del sueño.
La luz del celular puede interferir con el descanso
La exposición a la luz azul de teléfonos, computadores y tabletas antes de dormir puede afectar las señales hormonales que preparan al organismo para descansar.
El especialista recomienda evitar estos dispositivos, idealmente, durante las dos horas anteriores al sueño.
La medida puede complementarse con un ritual personal de calma, como escuchar música suave, tomar un baño tibio o realizar actividades que reduzcan progresivamente la estimulación.
Estas prácticas buscan evitar que el cerebro pase directamente de una jornada de alta actividad a la cama sin una transición que facilite el descanso.
La Clínica del Country prepara sesiones guiadas
La Clínica del Country plantea llevar la gimnasia del sueño a sesiones prácticas dirigidas por un equipo multidisciplinario.
La propuesta contempla la participación de neurólogos, especialistas en medicina del sueño, neuropsicólogos y psicólogos, quienes enseñarían ejercicios y hábitos para mejorar la higiene del descanso.
El propósito es que los pacientes incorporen rutinas fáciles de recordar y aplicar, en lugar de recibir únicamente recomendaciones generales durante una consulta.
La iniciativa también reconoce que los problemas de sueño pueden tener causas distintas y requieren intervenciones adaptadas a cada persona.
Dormir no es tiempo perdido ni una pausa improductiva. Es una actividad biológica que sostiene la memoria, el aprendizaje y el funcionamiento cerebral. En una sociedad que suele sacrificar el descanso para extender la jornada, proteger las horas de sueño puede convertirse en una de las decisiones preventivas más relevantes para la salud neurológica.