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Erosión del suelo amenaza la seguridad alimentaria en Colombia
Expertos alertan que la erosión del suelo y el cambio climático amenazan la seguridad alimentaria de Colombia hacia 2030.
Viernes, Marzo 6, 2026
Los efectos del cambio climático están comenzando a impactar directamente la base productiva del campo colombiano. La erosión del suelo y los eventos climáticos extremos podrían convertirse en una amenaza estructural para la seguridad alimentaria del país hacia 2030, según advierten expertos del sector agrícola y ambiental.
En Colombia, cerca del 40 % de los suelos presentan algún grado de erosión, mientras que un 10,7 % del territorio enfrenta procesos de desertificación moderada, una tendencia que compromete la capacidad productiva del país y su resiliencia frente a sequías, inundaciones y otros fenómenos climáticos extremos.
Un recurso crítico bajo presión
El suelo es uno de los activos naturales más estratégicos para la producción de alimentos. De acuerdo con datos de la FAO, más del 95 % de los alimentos que consume la humanidad se producen en el suelo, lo que convierte su degradación en un problema global con implicaciones económicas, sociales y ambientales.
A nivel mundial, la erosión provoca la pérdida anual de entre 20.000 y 37.000 millones de toneladas de capa orgánica, reduciendo la capacidad de los ecosistemas agrícolas para resistir fenómenos como lluvias intensas o sequías prolongadas.
En el caso colombiano, regiones como la Andina y el Caribe presentan áreas donde el deterioro del suelo ha avanzado de forma significativa, agravado por eventos climáticos cada vez más frecuentes, como inundaciones, incendios forestales y periodos prolongados de sequía.
El vínculo entre cambio climático y degradación del suelo
La degradación del suelo y el cambio climático forman un ciclo que refuerza los impactos negativos en el sistema agrícola.
Cuando el suelo pierde su estructura y biodiversidad, disminuye su capacidad de infiltración y retención de agua, lo que incrementa la escorrentía, la pérdida de nutrientes y la vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos.
“Cuando el suelo pierde estructura, biodiversidad y capacidad de infiltración, cualquier evento extremo se transforma en un impacto devastador para los territorios y para las comunidades que dependen de ellos”, explica María Elisa Monroy, directora de Negocio de Protección de Cultivos de Bayer para Norte de Latinoamérica.
La erosión también tiene efectos directos en la producción agrícola global. Según cifras de la FAO citadas por expertos del sector, la degradación del suelo provoca una pérdida anual estimada de 7,6 millones de toneladas en la producción de cereales a nivel mundial.
Agricultura regenerativa: una estrategia para la resiliencia
Frente a este panorama, especialistas del sector agrícola destacan el papel de la agricultura regenerativa como una alternativa para recuperar la salud del suelo y fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos.
Entre las prácticas más relevantes se encuentran:
labranza mínima, que reduce la pérdida de agua y protege la estructura del suelo
cultivos de cobertura, que disminuyen la erosión y mejoran la biodiversidad
rotación de cultivos, que optimiza nutrientes y reduce plagas
manejo integrado de plagas y malezas, apoyado en nuevas tecnologías agrícolas
Estas prácticas buscan producir más alimentos mientras se restauran los recursos naturales, un enfoque que cobra relevancia en un contexto de mayor presión climática sobre los sistemas agrícolas.
Un reto estratégico para la seguridad alimentaria
La presión sobre el suelo coincide con un escenario global en el que la demanda de alimentos seguirá creciendo. Se estima que para 2050 la producción agrícola deberá aumentar significativamente para alimentar a una población mundial en expansión, mientras fenómenos como la erosión reducen la capacidad productiva de los territorios.
En ese contexto, expertos advierten que la protección y recuperación del suelo se convertirá en uno de los pilares estratégicos para la seguridad alimentaria del país en las próximas décadas.
“Cuidar el suelo hoy no es una alternativa de sostenibilidad; es la única garantía de que Colombia tendrá una despensa mañana”, concluye Monroy.