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Floricultura colombiana apuesta por agricultura regenerativa para exportar más

La floricultura colombiana acelera prácticas regenerativas para proteger cultivos y fortalecer exportaciones globales.
Jueves, Mayo 7, 2026

La floricultura colombiana está incorporando prácticas de agricultura regenerativa para enfrentar riesgos climáticos, mejorar productividad y fortalecer su competitividad en mercados internacionales. El movimiento ocurre mientras el país consolida uno de los sectores agrícolas más relevantes para exportaciones y generación de empleo formal.

Según cifras de Asocolflores, Colombia exportó cerca de 317 mil toneladas de flores durante 2025 a alrededor de 100 mercados internacionales, con ingresos superiores a US$2.200 millones. El sector además genera más de 240.000 empleos formales directos e indirectos, convirtiéndose en una de las actividades agrícolas más intensivas en mano de obra del país.

La discusión cobra relevancia en medio de la preparación de cosechas para fechas clave como el Día de la Madre, una temporada que concentra buena parte de la demanda internacional y que exige meses de planeación agronómica.

La sostenibilidad entra al centro del negocio floricultor

En regiones como la Sabana de Bogotá y el oriente antioqueño, productores vienen incorporando prácticas enfocadas en recuperación de suelos, optimización del agua y reducción de dependencia de insumos externos.

La agricultura regenerativa dejó de verse únicamente como una estrategia ambiental y empieza a consolidarse como una decisión de competitividad y resiliencia productiva.

Labranza mínima, uso de biológicos, cultivos de cobertura y tecnologías fitosanitarias de nueva generación forman parte de los cambios que algunas compañías ya están implementando para responder a mayores exigencias de productividad y calidad.

Para Osiris Ocando, líder de asuntos agrícolas para Latinoamérica de Bayer, el foco debe estar en recuperar recursos naturales mientras se mantiene la capacidad exportadora del sector.

“La floricultura colombiana ha sido históricamente pionera en estándares de calidad y formalización. Hoy tiene la oportunidad de liderar también la transición hacia sistemas productivos que cuiden el suelo como recurso estratégico”, afirmó.

Ocando agregó que un suelo sano no solo mejora la resistencia de los cultivos, sino que también puede reducir costos de manejo y aumentar resiliencia frente a eventos climáticos extremos.

Una industria que depende de precisión agronómica

La producción de flores para temporadas de alta demanda comienza varios meses antes de llegar a los mercados internacionales.

En especies como los crisantemos, los ciclos de cultivo pueden durar entre 10 y 11 semanas, mientras que las hortensias requieren procesos que arrancan desde octubre con podas estratégicas.

El desafío para los productores está en alcanzar el punto óptimo de cosecha dentro de ventanas muy reducidas de tiempo y bajo estándares sanitarios altamente exigentes.

Las plagas, enfermedades y cambios climáticos siguen siendo algunos de los principales riesgos operativos para una industria donde la calidad visual del tallo y los pétalos define la competitividad internacional.

Fechas como San Valentín o Día de la Madre pueden concentrar más del 20 % del volumen exportador anual. Solo para San Valentín, Colombia exportó más de 900 millones de tallos, según cifras del sector.

Productividad y resiliencia: la nueva agenda del sector

La discusión alrededor de agricultura regenerativa también está conectada con la necesidad de sostener productividad en un contexto de presión climática y mayores exigencias de consumidores y mercados internacionales.

Para Néstor Muñoz, ingeniero agrónomo y representante de Colombia en la Global Farmer Network, el concepto debe entenderse como una estrategia integral y no como una práctica aislada.

“La agricultura regenerativa no es una técnica puntual, es una estrategia integral que combina ciencia, tradición y rentabilidad sostenible”, señaló.

Muñoz agregó que este enfoque permite mejorar fertilidad de los suelos, reducir impacto ambiental y fortalecer sostenibilidad económica para miles de familias vinculadas al sector.

La transformación de la floricultura colombiana muestra cómo la discusión agrícola dejó de centrarse únicamente en producción y exportaciones. Hoy la competitividad también depende de la capacidad de adaptarse a eventos climáticos, reducir vulnerabilidades sanitarias y construir sistemas productivos más resilientes. Para una industria que representa miles de empleos y una vitrina internacional para Colombia, esa transición empieza a convertirse en una necesidad económica y no solo ambiental.