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Obesidad y diabetes: por qué prevenir una puede cambiar el riesgo de la otra
La endocrinóloga Karen Palacios advierte que la obesidad y la diabetes tipo 2 no deberían abordarse como problemas aislados.
Miércoles, Agosto 19, 2026
Por: Nathalie Díaz Acosta
La obesidad y la diabetes tipo 2 suelen abordarse como enfermedades diferentes. Sin embargo, para la endocrinóloga Karen Palacios, entender la conexión entre ambas es fundamental para prevenir complicaciones y reducir el riesgo cardiometabólico de millones de personas.
Durante el Foro Latinoamericano VALUE Exp, un espacio de actualización científica para periodistas de diferentes países de la región sobre obesidad y salud cardiometabólica organizado por Novo Nordisk, la especialista explicó que el exceso de tejido adiposo puede desencadenar una cadena de alteraciones metabólicas relacionadas con hipertensión, hígado graso, resistencia a la insulina y, posteriormente, diabetes tipo 2 y mayor riesgo cardiovascular.
“La obesidad no es una decisión individual”, enfatizó Palacios al referirse a la necesidad de cambiar la manera en que se entiende y se aborda esta enfermedad.
Una enfermedad que va más allá de la báscula
La conversación tuvo lugar durante el Foro Latinoamericano VALUE Exp, organizado por Novo Nordisk, un espacio de actualización y formación dirigido a periodistas de distintos países de la región para profundizar, de la mano de especialistas, en la comprensión de la obesidad y la salud cardiometabólica. La jornada buscó aportar herramientas y conocimiento basado en evidencia para fortalecer la cobertura periodística de una enfermedad compleja, sus implicaciones y los desafíos que plantea para los sistemas de salud.
Para Palacios, la relación entre obesidad y diabetes tipo 2 tiene una explicación metabólica. El exceso de tejido adiposo, especialmente cuando se acumula en determinados lugares del organismo, puede favorecer procesos como la inflamación y la resistencia a la insulina, alteraciones que pueden terminar elevando los niveles de glucosa en sangre.
Por eso, considera que hablar de diabetes tipo 2 sin tener presente la obesidad puede dejar por fuera una parte importante de la historia de muchos pacientes.
“En la mayoría de casos”, explicó, la diabetes tipo 2 está asociada con un tejido adiposo que se expandió más de la cuenta y se ubicó en zonas donde no debería hacerlo.
Esta conexión adquiere especial relevancia cuando se observa el impacto cardiovascular. La especialista señaló que condiciones como hipertensión, diabetes y enfermedad hepática pueden acumularse y aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares, convirtiendo la prevención de la obesidad en una oportunidad para intervenir mucho antes de que aparezcan las complicaciones.
De la responsabilidad individual a las políticas públicas
Uno de los mensajes más contundentes de Palacios está dirigido a quienes toman decisiones.
Para la endocrinóloga, la magnitud de la obesidad hace insuficiente cualquier estrategia que coloque toda la responsabilidad en el paciente. Su prevención requiere acciones coordinadas entre el sector salud, el Gobierno, las empresas y otros actores sociales.
Entre las medidas que considera prioritarias está fortalecer las políticas relacionadas con el consumo de productos ultraprocesados, acompañadas de educación y pedagogía para que las personas puedan interpretar adecuadamente la información nutricional.
Colombia ya cuenta con herramientas como el etiquetado frontal de advertencia, pero Palacios considera que estas medidas deben trascender la presencia de una etiqueta y formar parte de una estrategia más amplia que incluya regulación, educación y otras herramientas de política pública.
“Si no hay una política pública real que regule los ultraprocesados, no va a haber control de esto”, sostuvo.
Para la especialista, el desafío también pasa por lograr que diferentes sectores trabajen de manera articulada. La obesidad, sostiene, no puede ser responsabilidad exclusiva del Ministerio de Salud, de los médicos o de los pacientes.
El reto de llevar el manejo de la obesidad a la atención primaria
Otro de los desafíos identificados por Palacios es la capacidad del sistema sanitario para responder a una enfermedad de alta prevalencia.
La especialista explicó que el manejo integral de la obesidad no puede depender únicamente de endocrinólogos y otros especialistas, porque su capacidad es limitada frente a la magnitud del problema.
En su experiencia, un equipo especializado puede estar conformado por endocrinólogos, internistas, hepatólogos, especialistas en medicina deportiva y nutricionistas, entre otros profesionales. Sin embargo, reconoce que este modelo no corresponde todavía a la realidad de todo el sistema colombiano.
Por eso, plantea fortalecer la atención primaria, capacitando a los equipos de primer nivel para identificar oportunamente el exceso de tejido adiposo, evaluar factores de riesgo y acompañar a los pacientes.
“Esto tiene que ser una atención masiva y de primer nivel”, afirmó.
La especialista también hizo énfasis en que el peso, por sí solo, no siempre permite identificar el estado metabólico de una persona. Herramientas como la bioimpedancia pueden aportar información sobre composición corporal, porcentaje de grasa y masa muscular, entre otros indicadores, dentro de una evaluación integral.
Prevenir antes de que aparezcan las complicaciones
Para Palacios, intervenir antes de que aparezcan diabetes, hipertensión u otras complicaciones es una de las claves para cambiar la trayectoria de la enfermedad.
Esta visión resulta especialmente relevante ante una realidad en la que una de cada ocho personas en el mundo vive con obesidad. En 2022, alrededor de 2.500 millones de adultos tenían sobrepeso y 890 millones vivían con obesidad.
La especialista considera que el desafío no está únicamente en conseguir que una persona pierda peso, sino en evitar que entre en ciclos repetidos de pérdida y recuperación y en generar las condiciones para sostener hábitos saludables y mejorar su salud.
En ese proceso, Palacios también destacó la importancia de la salud mental y de la relación de las personas con la alimentación. Explicó que algunos pacientes experimentan un nivel persistente de pensamientos relacionados con la comida, conocido como food noise o “ruido alimentario”, que puede interferir con sus actividades cotidianas y generar culpa o malestar.
Desde su experiencia clínica, abordar estos factores puede facilitar la adherencia a los cambios de estilo de vida y al tratamiento.
Una agenda que requiere decisiones colectivas
La conclusión de Palacios trasciende el consultorio: la obesidad requiere una respuesta de política pública y no puede tratarse como una responsabilidad exclusivamente individual.
Para ello, considera necesario que diferentes sectores —salud, educación, Gobierno, empresas y sociedad— participen en una estrategia común que combine prevención, educación, regulación, atención primaria, diagnóstico oportuno y acceso a un manejo integral.
El desafío es de gran escala. La obesidad ya no puede entenderse únicamente como una cuestión de peso: su relación con enfermedades como la diabetes tipo 2 y otros factores de riesgo cardiometabólico la convierte en un asunto que también concierne a la sostenibilidad de los sistemas de salud y a las decisiones que se toman desde distintos sectores.
Pasar de reaccionar ante las complicaciones a prevenirlas exige, en palabras de Palacios, dejar de mirar la obesidad como una decisión individual y convertirla en una prioridad colectiva de salud pública.