La adopción de inteligencia artificial en Colombia está avanzando con rapidez, pero ese movimiento todavía no se refleja con la misma fuerza en la productividad empresarial. La alerta no apunta a una falta de tecnología, sino a una falla más profunda: muchas organizaciones están incorporando herramientas sin transformar la manera en que toman decisiones.
Esa es la tesis central que plantea Judith Gómez Ovalle, consultora internacional en gestión empresarial y autora de La ingeniería de las decisiones en gestión empresarial, al advertir que la brecha actual ya no está en acceder a IA, sino en convertirla en una palanca real de operación, riesgo y estrategia.
“Las empresas reconocen la importancia de la inteligencia artificial, pero en muchos casos avanzan sin una estrategia clara que permita integrarla en la toma de decisiones y en la operación del negocio”, explica Judith.
La adopción va más rápido que la gestión
El problema tiene una dimensión estructural. En Colombia, más del 99 % del tejido empresarial está compuesto por micro, pequeñas y medianas empresas, muchas de las cuales siguen enfrentando limitaciones para adoptar tecnología y usar la información de manera estratégica. A eso se suma otra señal relevante: el aumento en conectividad no necesariamente se traduce en incrementos proporcionales de productividad.
Ahí aparece una desconexión de fondo. Las empresas están entrando al ciclo de la IA con modelos de gestión que fueron diseñados para otro momento tecnológico, lo que reduce el impacto real de las inversiones digitales.
Judith lo resume así: “Las compañías incorporan herramientas cada vez más sofisticadas, pero continúan tomando decisiones con estructuras organizacionales diseñadas para otro contexto tecnológico”.
El cuello de botella no está en la herramienta
La autora propone leer la transformación digital desde la ingeniería de las decisiones, un enfoque que desplaza la conversación desde la compra de tecnología hacia la capacidad de las organizaciones para evaluar inversiones, gestionar riesgos y coordinar equipos con objetivos concretos.
Esa mirada coincide con una tendencia más amplia: una parte importante de los procesos de transformación digital no alcanza los resultados esperados por falta de estrategia y de capacidades organizacionales. Según el insumo, en América Latina más del 70 % de las pymes presenta bajos niveles de madurez digital, una condición que limita el impacto de estas iniciativas.
La consecuencia es clara: la IA puede estar entrando a las empresas, pero no necesariamente está reordenando la forma en que esas empresas operan, priorizan o compiten.
Más presión, menos margen para improvisar
El avance del comercio electrónico, el uso de datos y la presión por competir en mercados más dinámicos han elevado la complejidad empresarial. Eso expone a las compañías a nuevos desafíos en ciberseguridad, gestión de datos y reputación digital, justo cuando las decisiones deben tomarse con más velocidad y precisión.
En ese entorno, improvisar la adopción tecnológica sale caro. No basta con incorporar IA a procesos aislados ni con sumar automatización sobre estructuras antiguas. La productividad solo aparece cuando la tecnología entra a una organización capaz de decidir mejor con ella.
La discusión real para las empresas
El punto que deja este análisis es incómodo, pero útil para el entorno empresarial colombiano: el verdadero rezago ya no está en comprar herramientas, sino en construir criterio gerencial para usarlas con impacto.
En un momento en que la inversión en inteligencia artificial sigue creciendo, la diferencia competitiva no estará en quién adopta más rápido, sino en quién logra integrar esa adopción a una lógica de negocio, gobierno y ejecución sostenible. De lo contrario, Colombia podría seguir llenando empresas de tecnología sin que esa tecnología cambie de verdad su productividad.