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La salud del futuro dependerá más del entorno que de los hospitales
La desigualdad, el clima y el acceso a tecnología definirán la salud en las próximas décadas, según expertos de Areandina y su análisis.
Lunes, Julio 6, 2026
La calidad de vida en las próximas décadas estará determinada por factores sociales, ambientales y económicos más que por los avances de la medicina, según el análisis de la Facultad de Salud y del Deporte de Areandina, sede Valledupar. La institución advierte que la desigualdad, el deterioro ambiental y el acceso desigual a la tecnología influirán de manera decisiva en el bienestar de las personas.
De acuerdo con Marco Antonio Cruz Duque, decano de la Facultad de Salud y del Deporte de Areandina, las condiciones en las que una persona nace, crece y envejece tienen un peso mayor que muchos tratamientos médicos. "Las condiciones sociales en las que una persona nace, crece y envejece influyen más en su estado físico y mental que muchos tratamientos médicos. Si no se reducen las desigualdades, se seguirá atendiendo consecuencias y no las causas", afirma.
La institución señala que diferencias en el acceso a educación, vivienda, empleo y alimentación generan impactos directos sobre la expectativa de vida, el desarrollo de enfermedades crónicas y la salud mental. Estas brechas también incrementan la presión sobre los sistemas de atención, que terminan respondiendo a problemas cuya raíz se encuentra fuera del ámbito hospitalario.
El modelo de consumo también aparece entre los factores que condicionarán la salud futura. La disponibilidad masiva de alimentos ultraprocesados, el consumo de alcohol y tabaco, junto con la dependencia de combustibles fósiles, favorecen el aumento de enfermedades como obesidad, diabetes y afecciones cardiovasculares.
Otro elemento identificado es la exposición permanente a sustancias químicas presentes en el aire, el agua, los alimentos y productos de uso cotidiano. "Vivimos en un entorno que afecta al cuerpo humano y al planeta al mismo tiempo. Ese daño ambiental termina regresando a la salud de las personas", advierte Cruz.
A ello se suma la resistencia antimicrobiana, considerada una de las amenazas sanitarias más relevantes de los próximos años. El uso excesivo de antibióticos en humanos, animales y agricultura está favoreciendo la aparición de bacterias resistentes que complican el tratamiento de infecciones comunes. "No es un problema del futuro: ya convivimos con bacterias multirresistentes, producto de decisiones que se han tomado durante décadas", agrega el académico.
El cambio climático también modificará el mapa de los riesgos sanitarios. El incremento de las temperaturas, la contaminación del aire y las alteraciones en la disponibilidad de agua afectarán con mayor intensidad a las poblaciones más vulnerables, ampliando desigualdades existentes y generando nuevos desafíos para los sistemas de salud.
Las migraciones forzadas por conflictos, pobreza o fenómenos climáticos representan otro factor de presión. La pérdida de vivienda, empleo y redes de apoyo deteriora condiciones básicas para el bienestar. En ese contexto, Cruz sostiene que "La salud también depende de la estabilidad. Sin agua potable, vivienda y seguridad, cualquier intervención médica queda corta".
Frente a este panorama, la tecnología aparece como una oportunidad para ampliar la prevención, acelerar diagnósticos y personalizar tratamientos, siempre que exista acceso equitativo. "La tecnología solo mejora la salud si es accesible. De poco sirve si está limitada por costos, barreras administrativas o falta de cobertura", concluye el decano.
El análisis plantea que el futuro de la salud pública dependerá tanto de las decisiones sobre desarrollo social, regulación y sostenibilidad como de la innovación médica. Para los gobiernos, los sistemas de salud y el sector productivo, incorporar estos determinantes en las políticas públicas será clave para contener el crecimiento de las enfermedades crónicas y reducir la presión sobre la atención sanitaria.