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Obesidad: la pandemia que reordena la agenda empresarial y sanitaria
La obesidad avanza como una crisis estructural de salud pública: ya afecta a más del 50% de los adultos en Colombia y amenaza la sostenibilidad del sistema.
Miércoles, Marzo 4, 2026
La obesidad dejó de ser una alerta futura para convertirse en una crisis estructural de salud pública. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.000 millones de personas en el mundo viven con obesidad, y la prevalencia global se ha duplicado en adultos desde 1990.
En Colombia, el panorama no es menor: más del 50% de los adultos presenta sobrepeso u obesidad, una tendencia que ya impacta directamente los costos en salud, la productividad y la carga de enfermedad crónica en el país.
Para Karen Palacios, médica internista y endocrinóloga, el problema no es únicamente estético ni individual: es el reto de salud pública más urgente de América Latina.
“El exceso de tejido adiposo funcional desencadena una cascada inflamatoria que puede derivar en hipertensión, diabetes, enfermedad renal, hígado graso e incluso cirrosis. Hoy, la principal causa de enfermedad hepática crónica no es el alcohol, sino la patología metabólica asociada a la obesidad”, explica.
Más allá del peso: una nueva definición clínica
Uno de los cambios más relevantes en el abordaje médico reciente es que la obesidad ya no se define exclusivamente por el peso o el índice de masa corporal. La clasificación actual prioriza la adiposidad, es decir, la cantidad y localización de la grasa corporal y su impacto metabólico.
Una persona puede tener peso elevado por alta masa muscular y no presentar obesidad, mientras que alguien con peso “normal” puede tener alta proporción de grasa visceral, lo que incrementa su riesgo cardiometabólico.
Para diagnóstico se consideran mediciones como:
Perímetro abdominal
Porcentaje de grasa corporal (más de 25% en hombres y 35% en mujeres)
Presencia de comorbilidades como hipertensión, hígado graso o diabetes
Este giro conceptual implica que el riesgo está más extendido de lo que se creía.
Un entorno obesogénico
La pregunta sobre quiénes están en riesgo tiene una respuesta contundente: todos.
El sistema biológico humano está programado para almacenar energía —una herencia evolutiva—, pero hoy funciona en un entorno dominado por ultraprocesados, sedentarismo, alteraciones del sueño y alta disponibilidad calórica.
“Vivimos en un ambiente obesogénico. Incluso alguien que hace una hora de ejercicio al día puede pasar el resto de la jornada en un trabajo completamente sedentario. Eso también cuenta”, señala la especialista.
Desde 2023, el abordaje clínico incorpora el concepto de síndrome cardio-reno-metabólico, que clasifica a las personas desde un “estadio cero” (en riesgo) hasta fases con complicaciones avanzadas.
La clave, según Palacios, es intervenir en ese estadio inicial antes de que se consolide la enfermedad.
Impacto económico y sostenibilidad del sistema
El avance de la obesidad no solo afecta al individuo, sino también al sistema de salud.
Mayor prevalencia implica más pacientes con enfermedades crónicas de alto costo, tratamientos prolongados y mayor mortalidad prematura.
Las soluciones estructurales requieren políticas públicas orientadas a la prevención, como:
Etiquetado claro de alimentos ultraprocesados
Educación nutricional
Promoción de actividad física en entornos laborales y escolares
Estrategias intersectoriales entre Estado y sector privado
“Si no intervenimos en el estadio cero, esta pandemia nos va a ganar la batalla. Hoy hablamos de 50%, pero podría escalar a 60%, 70% o más”, advierte.
Innovación farmacológica: oportunidad y responsabilidad
El desarrollo de nuevas terapias farmacológicas ha generado expectativas importantes. Sin embargo, la especialista es enfática: no existen soluciones milagro.
“Los medicamentos son herramientas poderosas, pero deben usarse bajo supervisión médica. Cada molécula tiene indicaciones específicas según el perfil del paciente: hígado graso, enfermedad coronaria, anemia, entre otras condiciones. No es un tratamiento genérico”, afirma.
El uso inadecuado guiado por redes sociales o recomendaciones informales no solo reduce la eficacia, sino que puede resultar perjudicial.
El abordaje debe integrar:
Tratamiento farmacológico
Plan nutricional
Actividad física
Seguimiento clínico especializado
Finalmente, la experta concluye: “La prevención individual es difícil porque vivimos rodeados de ultraprocesados y estímulos constantes. Pero si alguien ya tiene sobrepeso u obesidad, debe acudir al profesional adecuado. No crean en soluciones fáciles. Es un problema muy difícil y requiere un equipo interdisciplinario”.