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Obesidad no es falta de voluntad: por qué entenderla como una enfermedad puede cambiar la conversación

Genética, mecanismos neurológicos, hormonas y factores ambientales influyen en la dificultad para perder y mantener el peso.
Martes, Agosto 18, 2026

Por: Nathalie Díaz Acosta 

“Es falta de voluntad”. Es una de las explicaciones más frecuentes cuando se habla de sobrepeso y obesidad, pero también uno de los mitos que más contribuye a estigmatizar a quienes viven con esta enfermedad.

Durante el Foro Latinoamericano VALUE Exp, un espacio de actualización y conocimiento para periodistas de distintos países de la región alrededor de la obesidad y la salud cardiometabólica, organizado por Novo Nordisk, donde el médico sexólogo Fernando Rosero llamó a cambiar esta narrativa y a comprender que detrás de la dificultad para perder y mantener el peso existe una interacción de múltiples factores.

“Hay una cantidad de mecanismos neurológicos, hormonales y ambientales que hacen que a la persona le cueste bajar y controlar el peso”, explicó Rosero.

La dimensión del problema ayuda a entender por qué esta conversación trasciende la responsabilidad individual. En contexto y para el caso en Colombia, el 64 % de los adultos tiene un IMC alto —mayor a 25—, con una mayor prevalencia en mujeres. Además, la obesidad está asociada con más de 200 posibles complicaciones de salud, entre ellas diabetes tipo 2, enfermedades hepáticas y cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

A nivel mundial, los datos también muestran la magnitud del desafío: una de cada ocho personas vive con obesidad. En 2022, alrededor de 2.500 millones de adultos tenían sobrepeso y 890 millones vivían con obesidad.

Cuando la biología también interviene

Uno de los primeros mitos que Rosero busca desmontar es que una persona puede controlar completamente su peso a partir de la voluntad.

El especialista explicó que existen factores genéticos que pueden influir en la predisposición al sobrepeso y la obesidad, así como mecanismos neurológicos y hormonales que participan en la regulación del apetito y el comportamiento alimentario.

En ese contexto, mencionó el concepto conocido como “food noise”, utilizado para describir pensamientos persistentes relacionados con la comida que pueden aparecer incluso cuando una persona ya ha comido o se encuentra satisfecha.

Para Rosero, comprender estos mecanismos es fundamental para dejar de interpretar la dificultad para perder peso como una falla de carácter o disciplina.

Recuperar peso no significa fracasar

Otro de los mitos que persisten alrededor de la obesidad es que recuperar parte del peso después de haberlo perdido significa que el tratamiento no funcionó o que la persona abandonó sus esfuerzos.

Rosero propone una interpretación diferente: si la obesidad se entiende como una enfermedad crónica, el manejo debe contemplar seguimiento y acompañamiento en el tiempo.

“Eso no se puede entender como un fracaso”, señaló el especialista, al explicar que puede presentarse nuevamente una ganancia de peso y que el tratamiento debe orientarse a generar cambios sostenibles e impactos reales en la salud.

Esta perspectiva también cambia la conversación para quienes acompañan estos procesos. El objetivo no debería reducirse a alcanzar un determinado número en la báscula, sino a mejorar la salud y sostener los resultados mediante un manejo adecuado de la enfermedad.

Una conversación que también involucra a empresas y sistemas de salud

Para Rosero, la complejidad de la obesidad obliga a superar la idea de que su atención corresponde exclusivamente al paciente o a un único especialista. El manejo puede requerir equipos multidisciplinarios, medicamentos, nutrición, acompañamiento y, en determinados casos, procedimientos quirúrgicos. También demanda recursos que permitan garantizar la continuidad del tratamiento y mecanismos de seguimiento que favorezcan la adherencia.

Esta dimensión convierte a la obesidad en un desafío que trasciende el consultorio y que involucra a los sistemas de salud, las políticas públicas, las organizaciones y los tomadores de decisiones. El reto no consiste únicamente en ayudar a una persona a perder peso, sino en generar las condiciones para que pueda mejorar su salud y sostener los resultados en el tiempo.

Comprender la obesidad desde esta perspectiva implica dejar atrás el juicio y reconocer la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales y económicos que influyen en su desarrollo y manejo. Para Rosero, avanzar hacia una atención multidisciplinaria es fundamental para acompañar al paciente de manera integral y acercarlo a mejores resultados.