¿Cómo lograr que a los colombianos sí les importe la política?

A muchos les incomoda hablar de política, pero es ahí donde empieza el cambio. Colombia necesita más información, menos desconfianza y más acción.
Fabián Motta, director de SmartPR

Fabián Motta

Director General SmartPR

Hay algo que viene preocupándome desde hace tiempo, pero que en las últimas semanas se ha vuelto más evidente: cada vez más personas prefieren no hablar de política, no opinar, no informarse, y mucho menos comprometerse con lo que pasa en el país. “Todos son iguales”, “nada va a cambiar”, “no quiero pelear con nadie” son frases que se repiten con una normalidad peligrosa.

Y aunque es comprensible el cansancio, lo que no podemos normalizar es la indiferencia. Porque en el momento en que dejamos de hablar de política, en ese mismo instante, estamos dejando de participar en la construcción del futuro. Un país no se transforma desde el silencio o la apatía, sino desde la conversación, la conciencia y la acción informada.

La política también se construye en la sala de la casa

No se trata de convertirnos en analistas ni en activistas profesionales. Se trata, más bien, de recuperar el interés, de hacer preguntas, de entender lo que votamos, lo que pagamos, lo que se decide a nombre nuestro todos los días. La política no es solo de los políticos. Es de los ciudadanos. De los que construyen empresa, educan, cuidan, trabajan, estudian y también de quienes deciden no hacer nada. Porque incluso no hacer nada es una decisión política.

A veces creemos que el problema es la corrupción, la polarización o los partidos. Pero muchas veces el verdadero obstáculo está en esa desconexión que sentimos con las decisiones colectivas, en esa idea equivocada de que la política es algo ajeno o lejano.

Informar, conversar y confiar: tres pasos para cambiar el rumbo

La pregunta entonces no es solo por qué hemos llegado a este punto, sino cómo salimos de él. Y creo que hay tres caminos urgentes:

  1. Informarnos mejor, no solo con titulares de redes sociales, sino con datos reales, fuentes confiables, comparaciones históricas y contexto.

  2. Conversar más, con respeto, con apertura, con argumentos. Dejar de temerle al desacuerdo y volver a valorar el diálogo como una herramienta de construcción.

  3. Confiar más, en que sí hay personas comprometidas, sí hay datos que cuentan una historia diferente a la narrativa del caos permanente. Que sí vale la pena volver a creer.

Colombia no va a cambiar solo porque cambiemos de presidente, de congreso o de reformas. Colombia va a cambiar si cambiamos nosotros: los que deciden dejar de huirle a la conversación, los que se atreven a formar opinión propia, los que entienden que informarse es un acto de amor por el país.

No se trata de tener todas las respuestas, sino de no dejar de hacer preguntas. Porque un país mejor no se construye solo desde el poder. Se construye también desde el interés colectivo, desde las conversaciones en familia, desde la confianza en los datos, más que en los relatos.

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