Negocios

Cinco señales de daño en edificios después de un sismo que no deben ignorarse

Fisuras que crecen, muros deformados o puertas que dejan de cerrar tras un sismo pueden indicar daños que requieren una revisión profesional oportuna.
Miércoles, Septiembre 9, 2026

El sismo de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, volvió a poner la seguridad de las edificaciones en el centro de la discusión. Una de las primeras decisiones después de un movimiento fuerte debería ser determinar si las fisuras o cambios visibles corresponden únicamente a acabados o pueden indicar una afectación que requiera evaluación especializada.

Cubrir una grieta inmediatamente puede ocultar información útil para ese diagnóstico. Colliers Colombia recomienda observar primero su evolución, profundidad, ubicación y cualquier cambio que haya ocurrido en otros elementos del inmueble.

“El error más frecuente es ver una fisura, hacerla resanar y volver a pintar sin determinar primero por qué apareció. Después de un sismo, lo importante es observar si la fisura aumenta, cambia de forma, atraviesa el muro o deja ver el material que hay detrás”, explica Luis Manuel Rincón, jefe de Seguridad y Manejo de Emergencias de Colliers Colombia.

Daños en edificios después de un sismo: cinco señales para revisar

Una inspección visual no reemplaza un estudio estructural, pero sí puede ayudar a detectar señales que justifican una evaluación más profunda. Entre los aspectos identificados por Colliers están:

  1. Fisuras que siguen creciendo. Si después del sismo una grieta se hace más ancha, aumenta de longitud o cambia de forma, debería documentarse y ser revisada por un profesional.
  2. Fisuras profundas o que atraviesan el muro. Deben llamar especialmente la atención aquellas que permiten observar materiales internos, aparecen en las dos caras de una pared o desarrollan patrones diagonales pronunciados.
  3. Muros deformados o desplazados. Abombamientos o paredes que dejan de conservar su forma pueden evidenciar movimientos que requieren evaluación.
  4. Puertas o ventanas que dejan de funcionar normalmente. Una puerta que comienza a rozar, no cierra o una ventana que deja de abrir después del sismo puede ser una señal de desplazamiento.
  5. Daños en columnas, vigas, escaleras o elementos que puedan desprenderse. Fachadas, vidrios y cielos rasos también deben formar parte de la revisión.

La inspección tampoco debería concentrarse exclusivamente en los muros. Las redes de agua, energía y gas pueden sufrir afectaciones que posteriormente aparezcan como fugas, humedades u otras fallas.

Los parqueaderos pueden revelar daños que no se ven en otras áreas

En edificios corporativos y residenciales, los parqueaderos pueden facilitar una primera inspección porque allí columnas y vigas suelen estar menos cubiertas por acabados que en oficinas, apartamentos o zonas comunes.

Esto permite identificar con mayor facilidad fisuras, desplazamientos o deterioros. Sin embargo, Colliers advierte que una observación visual no determina por sí sola la seguridad de la estructura.

Cuando existen dudas, la evaluación debe quedar en manos de un ingeniero estructural o un profesional especializado que establezca la naturaleza y alcance de la afectación.

“No se trata de evacuar un edificio cada vez que aparece una fisura, pero tampoco de minimizar cualquier daño. La decisión debe partir de una revisión que permita establecer cómo se comportó la edificación y si existen condiciones que puedan poner en riesgo a sus ocupantes”, señala Luis Manuel Rincón.

Un edificio antiguo no es necesariamente más inseguro

La edad del inmueble tampoco permite concluir por sí sola si una construcción representa mayor o menor riesgo frente a un sismo.

En Colombia, las normas de construcción sismorresistente han cambiado con el tiempo. La NSR-10 fue establecida mediante el Decreto 926 de 2010 y posteriormente ha tenido modificaciones. Para determinadas edificaciones existentes, el reforzamiento estructural es una de las alternativas contempladas para mejorar sus condiciones de seguridad.

Para propietarios y administradores, esto implica conocer información que con frecuencia solo se consulta durante una emergencia: cómo fue construido el inmueble, qué intervenciones ha recibido, cuál es el estado de sus materiales y cuándo tuvo su última evaluación técnica.

La prevención también afecta la continuidad del negocio

La gestión estructural tiene además una dimensión empresarial. Una afectación en una sede, planta, centro comercial o activo inmobiliario puede traducirse en interrupciones operativas, costos extraordinarios y decisiones de inversión tomadas bajo presión.

Colliers recomienda mantener revisiones periódicas sobre estructura, fachadas, redes, acabados y elementos no estructurales. Un diagnóstico previo permite identificar necesidades de mantenimiento o reforzamiento y presupuestarlas antes de que una emergencia obligue a reaccionar.

Una de las herramientas utilizadas para este propósito es la Debida Diligencia Técnica (DDT), una revisión integral dirigida a establecer el estado de un activo, identificar riesgos y determinar las intervenciones o inversiones que pueden ser necesarias.

“La seguridad de un inmueble no debería evaluarse únicamente cuando ocurre una emergencia. Conocer periódicamente el estado del activo permite identificar riesgos, priorizar inversiones y tomar decisiones antes de que un daño termine afectando no solo la operación de una empresa sino también la tranquilidad de quienes ocupan el edificio”, advierte Luis Manuel Rincón.

Para propietarios, compañías y administradores, el mantenimiento de un edificio deja de ser únicamente una decisión sobre conservación del activo cuando entra en juego la continuidad de la operación. Después de un sismo, identificar correctamente una señal de daño puede definir si una intervención se limita a un acabado o requiere una decisión técnica y financiera mucho más profunda.