Innovación

El enemigo dentro de la red: los riesgos invisibles del BYOD

El trabajo remoto y el uso de dispositivos personales amplían la superficie de ataque, creando puntos ciegos de seguridad que desafían a las empresas.
Sábado, Enero 10, 2026

El trabajo remoto y la adopción de políticas BYOD (Bring Your Own Device) han transformado la productividad empresarial, pero también han introducido un riesgo silencioso: la pérdida de visibilidad sobre el perímetro corporativo. Dispositivos personales, aplicaciones no autorizadas y accesos de terceros en tiempo real están ampliando la superficie de ataque y exponiendo a las organizaciones a amenazas difíciles de detectar.

En este nuevo escenario, el concepto tradicional de red corporativa deja de existir. Hoy, las empresas deben proteger entornos distribuidos que se extienden a hogares, aeropuertos, cafeterías y cualquier punto desde el que colaboradores y proveedores se conectan.

BYOD y Shadow IT: los nuevos puntos ciegos de la seguridad

La combinación de BYOD y Shadow IT se ha convertido en uno de los principales desafíos para los equipos de ciberseguridad. Cuando empleados o terceros utilizan dispositivos no administrados o instalan aplicaciones sin aprobación del área de TI, los datos críticos comienzan a circular fuera del control corporativo.

Según Lumu Technologies, esta expansión fuera de control genera puntos ciegos que las estrategias tradicionales de defensa no logran dimensionar. “Este modelo de trabajo presenta un riesgo de seguridad significativo: una expansión fuera de control de la superficie de ataque”, advierte Germán Patiño, vicepresidente de ventas para Latinoamérica de la compañía.

Cuando el perímetro desaparece

La seguridad corporativa ya no se limita a firewalls o redes internas. Un solo dispositivo comprometido puede convertirse en la puerta de entrada para ataques avanzados, facilitar la exfiltración de información confidencial y generar interrupciones operativas con impacto financiero y reputacional.

Además, la falta de visibilidad limita la capacidad de los equipos de seguridad para detectar amenazas, realizar análisis forense o responder de manera efectiva a incidentes, dejando a las organizaciones reaccionando tarde frente a ataques que ya están en curso.

Políticas claras y cultura de seguridad

Frente a este contexto, los expertos coinciden en que la tecnología por sí sola no es suficiente. Uno de los primeros pasos es establecer políticas formales de BYOD, que definan requisitos mínimos de seguridad, uso aceptable de dispositivos y procedimientos de respuesta ante incidentes, alineados con estándares como ISO 27001 y NIST.

Paralelamente, la concientización de los empleados se vuelve crítica. Programas continuos de capacitación permiten reconocer intentos de phishing, detectar señales de compromiso y reportar incidentes oportunamente. Más que entrenar, se trata de construir una cultura de seguridad compartida.

Visibilidad continua como nuevo estándar

El tercer pilar es la visibilidad total del entorno digital. En un modelo de trabajo distribuido, las organizaciones necesitan monitorear de forma continua todos los dispositivos conectados, administrados o no, identificar credenciales comprometidas, aplicaciones no autorizadas y vulnerabilidades expuestas a internet.

“Recuperar la visibilidad es recuperar el control”, señala Patiño, al explicar que una estrategia moderna permite pasar de una postura reactiva a una gestión proactiva del riesgo, capaz de romper la cadena de ataque en sus primeras etapas.

Seguridad en la era del trabajo distribuido

El auge del teletrabajo no implica renunciar a la seguridad. Sin embargo, exige repensar los modelos tradicionales de defensa y adoptar enfoques que entiendan la red como un ecosistema dinámico, distribuido y en constante cambio.

En 2026, la ciberseguridad ya no se trata solo de proteger infraestructuras, sino de garantizar visibilidad, resiliencia y continuidad operativa en entornos donde el enemigo puede estar dentro de la red, operando sin ser visto.

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