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El Niño vuelve a presionar la gestión de agua y energía en los edificios empresariales
El fortalecimiento del fenómeno de El Niño en Colombia obliga a edificios corporativos y comerciales a reducir consumos de agua y energía.
Jueves, Julio 23, 2026
Colombia enfrenta un nuevo periodo de vulnerabilidad climática. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, confirmó en junio que las condiciones asociadas con el fenómeno de El Niño ya se encuentran presentes en el océano Pacífico ecuatorial y en la atmósfera, con probabilidades superiores al 95 % de fortalecimiento durante el segundo semestre de 2026 y persistencia hasta el primer trimestre de 2027.
El escenario más exigente todavía está por venir. De acuerdo con el instituto, existe una probabilidad del 63 % de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027, condición que podría ubicarlo entre los episodios de mayor magnitud registrados desde 1950.
El pronóstico coincide con el diagnóstico internacional. El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, informó el 9 de julio de 2026 que El Niño continúa activo, se fortalecerá hacia el cierre del año y tiene una probabilidad del 97 % de prolongarse hasta los primeros meses de 2027.
Para Colombia, estas proyecciones no representan únicamente un asunto meteorológico. La disminución de las lluvias puede comprometer el abastecimiento de agua en varias regiones, reducir los aportes a los embalses hidroeléctricos, aumentar la generación térmica, elevar los precios de la energía y presionar la operación de oficinas, centros comerciales, hospitales, industrias y conjuntos empresariales.
El reto para las organizaciones será administrar dos recursos estrechamente relacionados: el agua que requieren diariamente sus instalaciones y la energía necesaria para mantener en funcionamiento sistemas de climatización, bombeo, iluminación, refrigeración, tecnología y seguridad.
Bogotá está mejor preparada, pero el riesgo no ha desaparecido
La situación de Bogotá es diferente a la experimentada durante 2024, cuando los bajos niveles del Sistema Chingaza obligaron a implementar restricciones rotativas. Sin embargo, la recuperación de las reservas no elimina la necesidad de mantener políticas permanentes de ahorro.
En mayo de 2026, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá informó que el Sistema Chingaza se encontraba en 49,90 % de llenado. El embalse de Chuza registraba 40,14 % y San Rafael, 83,35 %, niveles superiores a los observados durante la emergencia hídrica de 2024.
El Distrito ha señalado que las reservas actuales ofrecen una posición más favorable para enfrentar el periodo seco. No obstante, la evolución dependerá de las lluvias sobre las cuencas abastecedoras, del consumo de la ciudad y de la duración e intensidad de El Niño.
El Sistema Chingaza, compuesto principalmente por los embalses de Chuza y San Rafael, continúa siendo la fuente estratégica de abastecimiento para Bogotá. Su recuperación puede desacelerarse si las precipitaciones disminuyen durante varios meses consecutivos, mientras la demanda de hogares, empresas y establecimientos comerciales se mantiene elevada.
La lección de la crisis anterior es que el ahorro no debe activarse únicamente cuando se anuncian racionamientos. Los edificios empresariales necesitan incorporar la gestión hídrica como una práctica operativa, medible y presupuestada.
El riesgo también es energético
La llegada de El Niño tiene una incidencia directa sobre el sistema eléctrico colombiano por la alta participación de la generación hidroeléctrica.
Aunque la composición cambia según la hidrología y la disponibilidad de las plantas, la Unidad de Planeación Minero-Energética, UPME, señala que más del 70 % de la composición de la matriz eléctrica colombiana está asociada con recursos hidroeléctricos. Esta característica permite producir electricidad con bajas emisiones, pero expone al sistema a periodos prolongados de bajas lluvias.
Cuando disminuyen los aportes de los ríos, los operadores deben administrar con mayor precaución el agua almacenada y aumentar el respaldo de plantas térmicas que funcionan con gas, carbón o combustibles líquidos. Esa sustitución generalmente implica mayores costos de generación y una presión adicional sobre la disponibilidad de combustibles.
Al cierre de marzo de 2026, los embalses destinados a la generación eléctrica se encontraban en 63,44 % de su capacidad útil, según XM, operador del Sistema Interconectado Nacional. Durante ese mismo mes, la generación de energía alcanzó 7.457,05 GWh y creció 6,83 % frente a marzo de 2025.
La demanda también viene creciendo. En marzo de 2026, el consumo nacional de electricidad llegó a 7.461,77 GWh, un incremento de 5,67 % frente al mismo mes del año anterior. Las regiones Caribe, Centro y Oriente concentraron los mayores niveles de consumo.
Este comportamiento crea una combinación desafiante: mayor demanda, menores aportes hídricos y necesidad de reservar agua para los meses más secos.
El Ministerio de Minas y Energía activó en mayo una hoja de ruta con 50 acciones estratégicas para enfrentar El Niño 2026-2027, que incluye seguimiento a embalses, disponibilidad de generación, suministro de gas y combustibles, infraestructura eléctrica y medidas de eficiencia energética.
También expidió la Circular 40021 de 2026, mediante la cual solicitó a las entidades públicas fortalecer las prácticas de uso eficiente de la energía como medida preventiva ante el fenómeno climático.
La advertencia no equivale a afirmar que Colombia se encuentre actualmente ante un racionamiento eléctrico inevitable. Sí indica que la seguridad energética dependerá de la evolución de los embalses, la disponibilidad del parque térmico, el suministro de gas y combustibles, la entrada de nuevos proyectos y la capacidad de hogares y empresas para moderar su consumo.
Principales impactos para los edificios corporativos
| Riesgo | Efecto sobre los edificios | Señal que debe monitorearse | Acción recomendada |
|---|---|---|---|
| Menores precipitaciones | Reducción de reservas y posibles restricciones locales de agua | Niveles de embalses, alertas de autoridades y consumo diario | Establecer metas mensuales de reducción y protocolos de contingencia |
| Disminución de aportes hidroeléctricos | Mayor participación de generación térmica y presión sobre precios | Nivel agregado de embalses energéticos y precio de bolsa | Reducir consumos en horas de alta demanda y revisar contratos de energía |
| Temperaturas más altas | Mayor uso de aire acondicionado y refrigeración | Temperatura interior, demanda máxima y consumo por metro cuadrado | Ajustar setpoints, realizar mantenimiento y automatizar la climatización |
| Aumento de costos operativos | Incremento de facturas de agua, energía y mantenimiento | Variaciones mensuales y consumo por ocupante | Integrar agua y energía dentro del presupuesto de riesgos |
| Restricciones de abastecimiento | Afectación de baños, cocinas, limpieza y sistemas sanitarios | Autonomía de tanques y consumo por actividad | Definir usos prioritarios y contar con reservas técnicamente dimensionadas |
| Mayor presión sobre equipos | Sobrecarga de bombas, plantas eléctricas y sistemas de respaldo | Horas de operación, fallas y mantenimientos pendientes | Ejecutar mantenimiento preventivo y pruebas bajo carga |
| Riesgo reputacional | Críticas por desperdicio de recursos durante una emergencia | Quejas de ocupantes y exposición pública | Comunicar resultados verificables y evitar campañas sin indicadores |
| Interrupciones operativas | Suspensión parcial de actividades o limitación de servicios | Alertas del operador y capacidad de respaldo | Actualizar los planes de continuidad de negocio |
Cuatro caminos para reducir el consumo de agua
Ante este escenario, especialistas de Colliers Colombia plantean cuatro líneas de acción que pueden ser aplicadas en oficinas, centros comerciales y edificios de uso corporativo.
1. Instalar sistemas ahorradores y reutilizar el agua
La primera medida es intervenir los puntos donde se concentra el consumo. Esto incluye griferías con aireadores, sanitarios de bajo consumo, orinales eficientes, sensores de cierre automático y equipos que permitan regular el caudal.
“Esta medida, sumada a la implementación de sistemas de recirculación de aguas lluvias, constituye una acción clave para abordar esta problemática”, asegura Yudis Rivera, directora de Property Management de Colliers Colombia.
La recolección de aguas lluvias puede utilizarse, cuando la infraestructura y la regulación lo permiten, para actividades que no requieren agua potable, como riego, lavado de zonas comunes o alimentación de aparatos sanitarios.
Sin embargo, la instalación de equipos no garantiza por sí sola el ahorro. Un sanitario eficiente que presenta fugas, un sensor mal calibrado o una red de reutilización sin mantenimiento puede terminar consumiendo más recursos de los previstos.
Por eso, cada inversión debe acompañarse de una línea base, una meta de reducción y un sistema de medición que permita comprobar los resultados.
2. Evaluar el desempeño real del edificio
El segundo camino es realizar un diagnóstico completo de la infraestructura. La evaluación debe considerar la antigüedad de las redes, el estado de tuberías y válvulas, la capacidad de almacenamiento, la presión del sistema, la ocupación del inmueble y los patrones de consumo.
No todos los edificios tienen el mismo comportamiento. Una oficina con trabajo híbrido presenta necesidades distintas a las de un centro comercial, una clínica, un hotel o una instalación industrial.
El análisis debe calcular indicadores como:
- Consumo de agua por ocupante.
- Consumo por metro cuadrado.
- Diferencia entre días laborales y fines de semana.
- Consumo nocturno.
- Variaciones entre pisos o zonas.
- Volumen empleado en limpieza, baños, restaurantes y riego.
- Autonomía disponible en los tanques de almacenamiento.
Una variación nocturna injustificada puede revelar fugas ocultas. Un aumento repentino durante los fines de semana puede indicar fallas en válvulas, labores de limpieza ineficientes o consumos no autorizados.
La evaluación no debe limitarse al agua. En un escenario de El Niño resulta conveniente efectuar simultáneamente una auditoría energética que identifique consumos de climatización, bombeo, iluminación, ascensores, centros de datos, refrigeración y equipos conectados fuera de los horarios de operación.
3. Ejecutar mantenimiento antes de que aparezca la emergencia
La tercera recomendación es fortalecer el mantenimiento preventivo y la atención oportuna de correctivos.
Una fuga pequeña puede permanecer durante semanas sin ser detectada y acumular pérdidas significativas. El riesgo aumenta en edificios antiguos, redes empotradas o inmuebles con varios arrendatarios, donde las responsabilidades de mantenimiento pueden estar fragmentadas.
La administración debe establecer rutinas para revisar:
- Medidores generales y secundarios.
- Tanques de almacenamiento.
- Sistemas de bombeo.
- Válvulas y flotadores.
- Griferías y aparatos sanitarios.
- Redes contra incendios.
- Sistemas de aguas lluvias.
- Equipos de tratamiento y filtración.
- Cuartos técnicos y zonas con humedad anormal.
La planificación también debe incorporar los sistemas eléctricos. Durante periodos de altas temperaturas, los equipos de aire acondicionado trabajan durante más horas y pueden elevar considerablemente la demanda máxima del edificio.
Filtros obstruidos, serpentines sucios, motores deteriorados o configuraciones inadecuadas hacen que los sistemas consuman más energía para alcanzar la misma temperatura.
La eficiencia, por tanto, no depende únicamente de comprar nuevos equipos. Un mantenimiento bien ejecutado puede evitar desperdicios, prolongar la vida útil de la infraestructura y reducir la probabilidad de interrupciones.
4. Utilizar monitoreo integrado e información en tiempo real
La cuarta línea de acción es implementar sistemas de monitoreo que permitan conocer el comportamiento del edificio en tiempo real.
“La implementación de dispositivos con tecnología IoT permite conocer el comportamiento de los niveles de los tanques de almacenamiento. Este registro genera indicadores de consumo con los que es posible tomar decisiones oportunas y aplicar acciones que mitiguen altos niveles de consumo”, explica Óscar Tomé, coordinador administrativo Property de Colliers Colombia.
Los sensores pueden emitir alertas cuando se presenta un consumo atípico, una caída acelerada en un tanque, una bomba que opera durante más tiempo del esperado o un flujo de agua en horarios en los que el edificio debería encontrarse desocupado.
La utilidad aumenta cuando la información de agua se integra con los sistemas de administración del edificio, conocidos como BMS. Así es posible cruzar ocupación, temperatura, energía, agua, climatización y funcionamiento de equipos.
Por ejemplo, un edificio puede descubrir que el consumo de energía aumenta a primera hora porque todos los sistemas de climatización arrancan simultáneamente. Una programación escalonada puede reducir el pico de demanda sin afectar el confort de los ocupantes.
Del mismo modo, la integración de medidores permite identificar qué arrendatarios, pisos o actividades concentran el consumo y diseñar planes de mejora específicos.
Agua y energía deben gestionarse conjuntamente
Los edificios suelen administrar el agua y la energía como asuntos separados, aunque ambos recursos se encuentran estrechamente vinculados.
Captar, tratar, transportar, bombear, almacenar y distribuir agua requiere electricidad. A su vez, parte de la electricidad colombiana depende del agua almacenada en embalses.
Dentro de un inmueble, el consumo de agua también activa bombas, sistemas de presión, calentadores y equipos de tratamiento. Una fuga no representa únicamente una pérdida hídrica: puede implicar gasto eléctrico adicional.
Por esta razón, el plan de respuesta a El Niño debería establecer un solo comité o tablero de seguimiento que incluya:
- Consumo de agua y energía.
- Costo por metro cuadrado.
- Demanda máxima de electricidad.
- Niveles de tanques.
- Autonomía del edificio.
- Fallas y fugas detectadas.
- Ahorros obtenidos.
- Metas por arrendatario o área.
- Alertas de autoridades y operadores.
- Estado de plantas eléctricas y combustibles de respaldo.
La información debe revisarse con una frecuencia mayor durante los meses de menor precipitación. Los administradores no deberían esperar la llegada de una restricción para conocer cuánto consume el edificio o cuántas horas de autonomía tiene.
¿Qué hacer en edificios antiguos?
Los inmuebles construidos antes de la adopción generalizada de criterios de sostenibilidad enfrentan mayores dificultades. Algunos carecen de medidores independientes, utilizan sanitarios de alto consumo, tienen redes difíciles de inspeccionar o dependen de equipos de climatización poco eficientes.
En estos casos, Colliers recomienda estructurar proyectos de inversión que permitan modernizar progresivamente sistemas y equipos, acompañados de campañas permanentes de concientización.
La modernización no tiene que ejecutarse en una sola intervención. Puede organizarse por etapas:
- Medición: instalar submedidores e identificar los principales centros de consumo.
- Corrección: reparar fugas y reemplazar componentes deteriorados.
- Eficiencia: cambiar griferías, sanitarios, iluminación y equipos de mayor impacto.
- Automatización: incorporar sensores, alertas y plataformas de monitoreo.
- Autogeneración: evaluar sistemas solares, almacenamiento y gestión inteligente de la demanda.
- Certificación: avanzar hacia estándares ambientales que permitan verificar el desempeño.
En energía, la incorporación de paneles solares puede reducir la electricidad comprada a la red durante las horas de mayor radiación. Colombia ya supera los 24.000 techos solares registrados en esquemas de autogeneración y generación distribuida, según el Ministerio de Minas y Energía.
No obstante, cada proyecto debe analizar restricciones estructurales, capacidad de cubierta, perfil de consumo, regulación, mantenimiento y retorno de inversión. Los sistemas solares no sustituyen por completo la necesidad de eficiencia ni garantizan respaldo durante una interrupción, salvo que se acompañen de almacenamiento y equipos diseñados para operar de manera aislada.
El crecimiento inmobiliario amplía el impacto potencial
La magnitud del mercado inmobiliario corporativo convierte la eficiencia en una decisión de ciudad y no solamente de cada empresa.
Según los reportes de Colliers, Bogotá alcanzó un inventario de oficinas de 3.057.213 metros cuadrados, con un crecimiento de 23.281 metros cuadrados frente al periodo anterior. La ciudad también cerró el primer trimestre de 2024 con 55 centros comerciales.
Aunque estas cifras corresponden a un corte anterior del mercado, muestran la escala de la infraestructura que requiere agua y energía diariamente. Cada nueva oficina, establecimiento comercial o desarrollo de uso mixto incrementa la demanda sobre los servicios públicos si no incorpora criterios de eficiencia desde su diseño.
Los propietarios y administradores deben considerar el desempeño ambiental como un factor de competitividad. Un edificio con menores consumos puede reducir costos comunes, mejorar su resiliencia, cumplir las metas ambientales de sus ocupantes y conservar su atractivo para empresas que exigen estándares de sostenibilidad.
De la campaña de ahorro a la continuidad del negocio
El Niño 2026-2027 obliga a superar las recomendaciones aisladas de cerrar la llave o apagar la luz.
Las empresas necesitan conocer cuáles operaciones podrían suspenderse ante una interrupción de agua, cuánto tiempo pueden funcionar sus tanques, qué áreas deben priorizarse y cuáles actividades pueden aplazarse.
También deben evaluar el impacto de posibles aumentos tarifarios o de precios de energía sobre sus presupuestos. En edificios con alta demanda, pequeñas variaciones porcentuales pueden representar incrementos importantes en los costos anuales.
Los planes de continuidad deberían contemplar escenarios de restricciones hídricas, indisponibilidad parcial de energía, fallas en sistemas de climatización, limitaciones en el suministro de gas y necesidad de operar temporalmente con plantas eléctricas.
La administración eficiente de recursos ya no es únicamente una iniciativa ambiental. Es una medida de gestión de riesgos, control de costos y continuidad operativa.
Colombia llega al nuevo El Niño con mayor experiencia institucional y con reservas que, en el caso de Bogotá, ofrecen una posición más favorable que la observada en 2024. Sin embargo, las probabilidades de fortalecimiento del fenómeno y la dependencia hidroeléctrica del país justifican una preparación anticipada.
Para las empresas, el momento de actuar no será cuando aparezca el primer turno de racionamiento o se dispare la factura de energía. Será mientras todavía existe margen para medir, corregir fugas, modernizar equipos, automatizar consumos y convertir la eficiencia en parte de la operación diaria.