Con más salario mínimo, las empresas deberán responder con hechos y no con discursos
El aumento del salario mínimo amplía el ingreso de los hogares en 2026, pero también eleva el nivel de exigencia hacia las marcas en su relación con el consumidor.
Lunes, Enero 26, 2026
El incremento del salario mínimo en Colombia para 2026 no solo dinamizará el consumo, también reordenará las expectativas de millones de hogares frente a la forma en que las empresas actúan, comunican y entregan valor. En esta nueva etapa económica, la ciudadanía no solo tendrá más capacidad de compra: tendrá más capacidad de comparar y exigir coherencia entre lo que las marcas dicen y lo que realmente hacen. La conversación sobre responsabilidad empresarial dejó de ser conceptual y pasó a ser transaccional: hoy es parte de la experiencia de consumo.
Un estudio publicado el año pasado por Peña-García et al., realizado con consumidores bancarios en varios países en contextos económicos difíciles, ofrece señales claras que siguen siendo pertinentes para el mercado colombiano. Entre las acciones analizadas, las que generaron confianza auténtica fueron aquellas que ofrecieron beneficios inmediatos: asesoría útil que ayudara a tomar mejores decisiones financieras y alivios concretos en tasas de interés para manejar deudas durante momentos críticos. Estas medidas reforzaron la percepción de responsabilidad porque produjeron resultados visibles para el consumidor y respondieron a una necesidad real en un momento de incertidumbre. En cambio, iniciativas sin impacto directo o excesivamente comunicacionales no produjeron cambios en percepción. En algunos casos incluso generaron desconfianza cuando parecían diseñadas más para proteger la reputación de las empresas que para ayudar a los usuarios, revelando un riesgo latente en cualquier estrategia empresarial que se sostenga solo en narrativa.
Para Colombia en 2026, donde el consumidor llega más informado, más conectado y con más herramientas para evaluar, el mensaje es inequívoco. Las marcas que prosperen serán las que giren su enfoque desde la promesa hacia la ejecución. Reducir fricciones para comprar y usar los productos, facilitar acceso a información que empodere, acompañar con educación simple y útil, ajustar tarifas y costos cuando tenga sentido, y actuar con transparencia serán factores diferenciales. El criterio de consumo responsable va mucho más allá de reciclar o apoyar causas: incluye evaluar cómo una empresa utiliza su poder económico para beneficiar o afectar a quienes sostiene su operación.
Con más dinero en circulación, el mercado será más competido, pero también más selectivo. Cada peso gastado será un voto de confianza, y esa confianza deberá ganarse con hechos, consistencia y decisiones que demuestren, más allá del discurso, quiénes son las empresas que están realmente del lado del consumidor.