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Pérdida auditiva y Alzheimer: cinco señales que conviene detectar a tiempo
La pérdida auditiva no tratada se asocia con mayor riesgo de deterioro cognitivo. Estas señales pueden ayudar a identificarla antes de que avance.
Lunes, Septiembre 14, 2026
Subir cada vez más el volumen del televisor, pedir que repitan una conversación o perder el hilo cuando hay ruido alrededor pueden parecer cambios menores asociados con la edad. Sin embargo, también pueden ser señales tempranas de pérdida auditiva, una condición que la evidencia científica ha relacionado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo en adultos mayores.
La relación no significa que perder audición cause necesariamente Alzheimer ni que utilizar audífonos pueda prevenir por sí solo la enfermedad. Lo que muestran los estudios es una asociación relevante entre salud auditiva, funcionamiento cognitivo y envejecimiento, con indicios de que tratar la pérdida auditiva puede resultar especialmente beneficioso para personas con mayor riesgo de deterioro.
Por eso, especialistas de GAES, una marca Amplifon, insisten en prestar atención a cambios en la capacidad auditiva que pueden pasar inadvertidos durante años.
Pérdida auditiva y Alzheimer: ¿qué relación existe?
Una de las explicaciones estudiadas está relacionada con la carga adicional que asume el cerebro cuando escuchar se vuelve más difícil.
Cuando una persona no percibe con claridad determinados sonidos, necesita dedicar más recursos a interpretar palabras y completar información, especialmente durante conversaciones en restaurantes, reuniones o ambientes con ruido de fondo.
Ese esfuerzo puede generar fatiga y dejar menos recursos disponibles para otras funciones como atención, memoria y razonamiento.
Existe además otro factor: el aislamiento social.
Cuando conversar requiere demasiado esfuerzo, algunas personas comienzan a evitar reuniones o actividades grupales. Esta reducción de las interacciones puede afectar bienestar, autonomía y participación social, variables que también son relevantes para un envejecimiento saludable.
Un estudio encontró 48 % menos deterioro en adultos mayores de mayor riesgo
Uno de los estudios más importantes sobre esta relación es ACHIEVE, un ensayo clínico financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y publicado en The Lancet.
La investigación incluyó 977 adultos de entre 70 y 84 años con pérdida auditiva no tratada, quienes fueron asignados a una intervención auditiva —que incluyó audífonos y acompañamiento— o a un programa de educación en salud.
Aquí es importante hacer una precisión. En el análisis de todos los participantes, la intervención auditiva no produjo una reducción estadísticamente significativa del deterioro cognitivo durante tres años. Sin embargo, en el grupo procedente del estudio cardiovascular ARIC, que tenía mayor riesgo basal de deterioro, la intervención estuvo asociada con una reducción del 48 % en la velocidad del deterioro cognitivo.
El NIH resume el hallazgo indicando que tratar la pérdida auditiva podría ser especialmente relevante para adultos mayores vulnerables o con mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo.
Por eso, el resultado no debe interpretarse como una demostración de que los audífonos previenen el Alzheimer, sino como evidencia de que la salud auditiva puede ser una pieza modificable dentro de una estrategia más amplia de envejecimiento saludable.
Cinco señales que pueden advertir una pérdida auditiva
La dificultad está en que la pérdida de audición suele desarrollarse lentamente. Las personas pueden acostumbrarse al cambio y no reconocerlo hasta que empieza a afectar claramente su vida cotidiana.
GAES identifica cinco comportamientos que pueden justificar una valoración profesional:
- Subir constantemente el volumen. Televisor, radio o celular necesitan estar a un nivel que otras personas consideran demasiado alto.
- Pedir que repitan lo que dijeron. Frases como “¿qué dijiste?” se vuelven recurrentes.
- Dificultad para conversar con ruido. Restaurantes, reuniones familiares o espacios concurridos hacen difícil seguir una conversación.
- Responder fuera de contexto. Parte del mensaje no se escucha correctamente y la persona responde a algo distinto de lo preguntado.
- Retirarse de conversaciones o reuniones. El esfuerzo de escuchar genera cansancio y disminuye progresivamente la participación social.
Ninguna de estas señales permite diagnosticar por sí sola una pérdida auditiva ni un problema cognitivo, pero sí pueden ser razones suficientes para realizar una evaluación.
¿A qué edad conviene revisar la audición?
GAES recomienda incorporar controles auditivos periódicos, especialmente a partir de los 50 o 60 años, de forma similar a otros chequeos preventivos.
La valoración suele incluir una audiometría, que permite determinar con mayor precisión qué frecuencias puede escuchar una persona y si existe una pérdida que necesite seguimiento o intervención.
El acompañamiento familiar también puede ser importante. En muchos casos son hijos, parejas o personas cercanas quienes primero detectan cambios porque observan que el volumen aumenta, que las preguntas deben repetirse o que la persona participa menos en las conversaciones.
Escuchar mejor también puede ayudar a permanecer conectado
Cuando un profesional determina que existe una pérdida auditiva, los audífonos y otras soluciones pueden ayudar a mejorar la comunicación y facilitar la participación en actividades cotidianas.
Eso importa porque la audición no funciona de manera aislada. Está relacionada con la capacidad de conversar, trabajar, relacionarse y mantener vínculos sociales.
La evidencia del estudio ACHIEVE añade una razón para no considerar la pérdida auditiva simplemente como una consecuencia inevitable del envejecimiento: en determinados adultos mayores con mayor riesgo cognitivo, intervenir la audición produjo una diferencia medible durante tres años.
Para las familias, la recomendación más útil puede ser también la más sencilla: no esperar a que dejar de escuchar se convierta en aislamiento para buscar ayuda.