Actualidad
Sistema agroalimentario en Bogotá-Cundinamarca: el reto de comer justo en 2026
Bogotá-Cundinamarca produce alimentos clave, pero fallas en abastecimiento, crédito y asociatividad encarecen lo fresco y afectan a productores y consumidores.
Jueves, Enero 8, 2026
Cuando la ciudad aún duerme, María Ramírez ya está en pie en su parcela de Usme, al suroriente de Bogotá. Revisa el riego, corta la hierba y separa brócolis, lechugas, cebollas, kale, espinaca y acelga que terminarán, muchas veces sin que se sepa, en restaurantes o en las mesas de los más de 11 millones de habitantes de Bogotá y Cundinamarca. Su historia, y la de Heiner Alfonso Ramírez Poveda, joven productor del Bajo Sumapaz, no es anecdótica: es la puerta de entrada a un debate central para 2026 sobre el sistema agroalimentario regional.
La pregunta es directa: ¿por qué, teniendo comida tan cerca, a veces es tan difícil comer fresco y a buen precio en la capital? Esa inquietud dio origen a Aliméntate de Región, iniciativa que, junto con la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, la RAP-E Región Central y la FAO, puso en marcha el SARA (Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario), una radiografía técnica del territorio.
Mucha tierra, poco aprovechamiento
El diagnóstico del SARA parte de una paradoja estructural: dentro de la frontera agrícola de Bogotá-Cundinamarca existen 1,5 millones de hectáreas, pero solo el 18,2 % está en uso. Es decir, se aprovechan menos de dos de cada diez hectáreas disponibles. A esto se suma una alta concentración productiva en pocos cultivos como papa, caña panelera, mango, tomate, zanahoria y plátano.
El potencial está en la tierra, en las manos y en la experiencia campesina, pero no se activa únicamente sembrando más. Se activa cuando reglas, servicios y mercados funcionan de forma articulada.
Una fortaleza frágil
La región se destaca a nivel nacional por su especialización en alimentos: cerca del 75 % del área sembrada está dedicada a productos priorizados por Aliméntate de Región y su producción representa hasta el 95 % de lo cultivado en el territorio. La despensa está identificada, papa, arroz, plátano, maíz, yuca, frutas, hortalizas, carnes, huevo y lácteos, pero el diagnóstico advierte riesgos.
Dos rubros lo explican todo: papa y caña panelera concentran el 58 % del área sembrada y el 80,4 % de la producción, según datos de la UPRA (2024). Esta concentración vuelve vulnerable al sistema frente a choques climáticos o al aumento de insumos, lo que en la ciudad se percibe como “subió el mercado” y en el campo como ingresos inestables.
Los nudos que encarecen lo fresco
El SARA identifica un sistema de abastecimiento ineficiente, insostenible y poco inclusivo, con impactos en ambos extremos de la cadena.
Asistencia técnica insuficiente: menos del 10 % de usuarios en Campo Innova y apenas el 2 % de las unidades productivas del 3er Censo Nacional Agropecuario reciben acompañamiento, según el DANE (2014).
Baja inocuidad: en Cundinamarca solo 250 predios cuentan con certificación en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), de acuerdo con el ICA.
Débil asociatividad: casi el 90 % de productores no pertenece a organizaciones, lo que reduce su poder de negociación y encarece la logística.
Crédito concentrado: en 2024, menos del 12 % de grandes y medianos productores concentró el 95 % de los 11,5 billones de pesos en créditos de fomento agropecuario (FINAGRO), mientras el 88 % de pequeños productores accedió solo al 5 %. La brecha de género persiste: 57 % hombres y 37 % mujeres.
Acortar el camino del surco a la mesa
La hoja de ruta del SARA no se limita a describir problemas. Propone acortar la distancia entre producción y consumo para que el valor del alimento se quede en mayor medida en manos de quienes lo producen y lo fresco sea más accesible en la ciudad.
Esto se traduce en circuitos cortos de comercialización, compras institucionales estables, rutas logísticas que reduzcan pérdidas en cosecha y poscosecha, centros de acopio y clasificación, y transparencia en el origen y el precio. Menos kilómetros recorridos implican menor impacto ambiental, alimentos más frescos y mayor eficiencia.
El propósito 2026: comprar local con intención
El sistema agroalimentario es la suma de decisiones públicas, comunitarias y cotidianas. Por eso, el propósito para 2026 es claro: comprar local con intención. No se trata solo de consumir alimentos, sino de impulsar un modelo que fortalece el empleo rural, reduce la huella ambiental y permite un pago más justo.
María y Heiner representan a miles de productores de las ocho localidades rurales de Bogotá, los 116 municipios de Cundinamarca y los departamentos de Boyacá, Huila, Meta y Tolima que hacen parte de la región central. Sus historias recuerdan que, cuando el Estado planifica con evidencia y el sistema respalda a la pequeña escala, la justicia alimentaria deja de ser una excepción y se convierte en norma.
Cuatro formas de apoyar al campo hoy
Compra cercana: prioriza plazas, mercados campesinos y venta directa de Bogotá y Cundinamarca.
Pregunta por el origen: una pregunta simple incentiva trazabilidad y mejores prácticas.
Diversifica tu canasta: elige variedad y productos de temporada.
Reduce el desperdicio: planear y aprovechar mejor también fortalece al campo.
En 2026, lo que llega al plato puede ser el primer paso para transformar el sistema.