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TAC y radiografías en niños: 7 preguntas que los padres deberían hacer antes del examen
Cuando un niño necesita una TAC o una radiografía, entender por qué se solicita, qué cambiará con el resultado y cómo se ajustará la dosis puede ayudar a tomar una decisión informada.
Sábado, Septiembre 5, 2026
Cuando un niño llega a consulta o urgencias por dolor, fiebre, tos, un golpe o una molestia persistente, es frecuente que aparezca la posibilidad de realizar una radiografía o una tomografía axial computarizada (TAC).
Para muchas familias, ese momento genera dudas. Por un lado, el examen puede ser necesario para identificar una condición médica. Por otro, existe preocupación frente a la exposición a radiación y sobre si el estudio realmente es indispensable.
De acuerdo con el documento de Areandina, organismos como la FDA y la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) recomiendan que los estudios con rayos X en menores se realicen cuando sean necesarios para responder una pregunta clínica o guiar el tratamiento. También se señala que, aunque el riesgo absoluto suele ser bajo, los niños pueden presentar una mayor sensibilidad a la radiación y tienen más años por delante para acumular exposiciones.
“Cuando a un niño le pidan una imagen radiológica, la decisión no debería girar alrededor del miedo a la radiación, sino de una pregunta mucho más práctica: qué decisión médica depende de esa imagen”, explica Carlos Eduardo Martínez Niño, director del programa de Tecnología en Radiología e Imágenes Diagnósticas de Areandina, seccional Pereira.
1. ¿Qué sospecha clínica quieren confirmar o descartar?
Esta debería ser una de las primeras preguntas.
Entender qué busca el equipo médico permite saber si el estudio tiene una finalidad concreta y qué información esperan obtener con el resultado.
Según el experto, los padres pueden participar en esta conversación sin retrasar una urgencia ni cuestionar el criterio médico, sino buscando claridad sobre la necesidad del procedimiento.
2. ¿Qué cambia si el resultado es normal o anormal?
Otra pregunta clave es determinar cómo influirá el resultado en la conducta médica.
El examen puede tener mayor justificación cuando su resultado define decisiones como tratamiento, hospitalización, cirugía, uso de antibióticos u otras intervenciones.
Si la imagen no modifica ninguna de estas decisiones, el documento señala que, dependiendo del caso, podría existir espacio para observar, reevaluar o considerar otra alternativa.
3. ¿Existe una alternativa sin radiación?
En algunos escenarios pediátricos, la ecografía o la resonancia magnética pueden ser consideradas como alternativas, dependiendo del caso clínico y de la urgencia.
Esto no significa que deban reemplazar automáticamente una radiografía o una TAC, sino que es válido preguntar si otra técnica puede entregar la información necesaria.
“La mejor protección no es rechazar estudios por principio, sino exigir que cada TAC o radiografía tenga una razón clínica concreta, que se hayan valorado alternativas y que, si se hace, se realice con dosis optimizada para niños”, señala Martínez.
4. ¿Se puede observar primero si el niño está estable?
En determinadas situaciones, el equipo médico puede optar por observar la evolución del paciente, vigilar signos de alarma y realizar una nueva valoración antes de ordenar un estudio.
La decisión debe ser tomada por el personal tratante, pero los padres pueden preguntar si esta alternativa es viable cuando la condición del menor lo permita.
5. ¿Ya existen imágenes anteriores que puedan utilizarse?
Otro punto importante es evitar exámenes repetidos innecesariamente.
Llevar estudios previos, informes médicos, imágenes o enlaces de acceso puede evitar duplicaciones y reducir tanto costos como exposición acumulada.
Según el documento, algunas repeticiones ocurren simplemente porque el centro médico no tiene acceso a estudios realizados anteriormente.
6. ¿El centro utiliza protocolos pediátricos?
La experiencia del servicio en pacientes infantiles también es relevante.
Un equipo acostumbrado a trabajar con niños puede ajustar mejor el posicionamiento, reducir repeticiones y adaptar la técnica al tamaño del paciente.
En este punto, una de las preguntas más importantes es si se utilizará un protocolo pediátrico y una dosis ajustada al peso o a la talla del niño.
7. ¿Se realizará únicamente lo necesario?
También conviene preguntar si el estudio se limitará a la zona indispensable y si se evitarán fases adicionales o combinaciones de estudios cuando no sean necesarias.
El objetivo es obtener la información clínica requerida utilizando la menor exposición razonablemente necesaria dentro del procedimiento indicado.
“El verdadero lujo no es el equipo más nuevo, sino un servicio que demuestre cultura de seguridad, protocolos pediátricos y control de calidad”, concluye Martínez.
Información antes que miedo
El mensaje central no es evitar los estudios de imagen, sino entender por qué se realizan, qué información buscan y bajo qué condiciones se harán.
En Colombia, el documento también recomienda verificar que el centro cumpla con la regulación vigente para equipos generadores de radiación ionizante y protección radiológica.
Para las familias, la diferencia está en pasar de autorizar un procedimiento desde la incertidumbre a hacerlo con mayor claridad sobre su necesidad, sus alternativas y las medidas de seguridad aplicadas.