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Ática trata cerca de 24 millones de metros cúbicos de agua al año
Ática reporta 472 proyectos y 24 millones de metros cúbicos de agua tratados por año, mientras el reúso se vuelve clave para las empresas colombianas.
Domingo, Septiembre 20, 2026
Ática trata cerca de 24 millones de metros cúbicos de agua al año para diferentes sectores industriales y acumula más de 472 proyectos de plantas de tratamiento durante sus 41 años de operación. Las cifras muestran cómo la gestión hídrica empieza a pasar de una obligación ambiental a una decisión vinculada con los costos, la productividad y la continuidad de los negocios.
El cambio responde a una presión doble. Las empresas deben cumplir mayores exigencias regulatorias sobre sus vertimientos, pero también necesitan reducir su exposición a restricciones de suministro, deterioro de las fuentes, aumentos en los costos de captación y episodios de escasez.
El modelo tradicional de captar, consumir y disponer agua resulta insuficiente para operaciones que dependen de un suministro estable. La respuesta está avanzando hacia sistemas que combinan medición, tratamiento, recirculación y reúso, siempre que las condiciones técnicas y económicas de cada proceso permitan implementarlos.
“La disponibilidad de agua ya no puede darse por sentada. Hoy las empresas necesitan gestionar este recurso con una visión de largo plazo porque de ello dependen sus costos, su productividad y la continuidad de sus operaciones”, señaló María José Ceballos Salazar, directora comercial de Aguas de Ática.
El reúso entra en las decisiones de inversión
La demanda empresarial ya no se concentra únicamente en tratar el agua antes de su vertimiento. De acuerdo con Ática, las organizaciones también buscan disminuir el consumo de fuentes externas, recuperar parte del recurso utilizado y reincorporarlo a sus procesos productivos.
El potencial de recuperación, sin embargo, no es uniforme. Depende del tipo de agua residual, el caudal, la tecnología seleccionada, la calidad requerida para el nuevo uso y los costos de captación y vertimiento. Por eso, una planta de tratamiento no produce automáticamente ahorros ni garantiza que toda el agua pueda recircularse.
El análisis financiero debe comparar la inversión inicial y los costos de operación y mantenimiento con el valor del agua recuperada, la reducción de vertimientos y el riesgo de detener la producción por falta de suministro. Esta evaluación permite establecer si el proyecto genera eficiencias reales o si requiere ajustes antes de su ejecución.
Medir antes de invertir
Ática identifica tres fallas frecuentes en la gestión hídrica empresarial: ausencia de sistemas de medición y monitoreo, adopción de tecnologías sin estudios técnicos previos y mantenimiento insuficiente de las plantas de tratamiento.
Estas deficiencias pueden traducirse en consumos que la organización no logra explicar, equipos que operan por debajo de su capacidad, incumplimientos ambientales y mayores costos. También dificultan calcular un retorno verificable, porque la empresa carece de una línea base para comparar el desempeño antes y después de la inversión.
Una estrategia de eficiencia debe comenzar por identificar cuánta agua ingresa, en qué etapas se utiliza, qué calidad necesita cada proceso y cuánto recurso sale como vertimiento. Con esa información es posible fijar indicadores por unidad producida, área operativa o instalación, además de detectar fugas y consumos atípicos.
El monitoreo continuo también ayuda a anticipar cambios en la calidad del agua y fallas en los sistemas de tratamiento. Para sectores en los que el recurso interviene directamente en la producción, una variación no detectada puede afectar la calidad del producto, elevar los costos o detener temporalmente una línea de operación.
La continuidad operativa cambia la ecuación
El tratamiento y el reúso adquieren un valor distinto cuando se evalúan como parte de la gestión de riesgos. Una empresa que depende de una fuente vulnerable o de un suministro con alta variabilidad enfrenta una exposición que no siempre aparece en el precio mensual del servicio.
“La gestión del agua ya no es un tema complementario. Hoy es una decisión estratégica que impacta directamente la sostenibilidad y la competitividad de las empresas”, afirmó María José Ceballos Salazar, directora comercial de Aguas de Ática.
Para demostrar ese impacto, las empresas necesitan indicadores concretos: consumo total y por unidad producida, porcentaje de agua recuperada, costo por metro cúbico tratado, cumplimiento de los parámetros de vertimiento y horas de operación protegidas frente a interrupciones.
La escala reportada por Ática confirma que la industria está destinando recursos al tratamiento, pero el siguiente paso es medir cuánto de ese esfuerzo se convierte en menor consumo, ahorro verificable y reducción del riesgo operativo. Esa información determinará si la gestión del agua ocupa un lugar permanente en las decisiones de inversión de las compañías colombianas.