Arquitectura de Poder Femenino
El poder de cambiar las reglas: María del Mar Jaramillo y el liderazgo que está rediseñando el trabajo
¿Y si el problema no fuera que las mujeres no logran adaptarse al mundo laboral, sino que el mundo laboral nunca fue diseñado para ellas?
Viernes, Agosto 14, 2026
Por: Nathalie Díaz Acosta, periodista y editora sección Arquitectura de Poder Femenino
Durante años, la conversación sobre liderazgo femenino se ha centrado en cómo llegar a posiciones de poder. Pero hay mujeres que están impulsando una discusión diferente: cómo transformar las reglas para que más personas puedan llegar, permanecer y crecer.
Esa es la esencia del poder transformador, una de las dimensiones que explora Arquitectura de Poder Femenino, la sección de Revista C-level que analiza cómo se construye el poder antes del cargo.
En esta oportunidad conversamos con María del Mar Jaramillo, directora ejecutiva de la Fundación Soy Oportunidad, quien ha convertido su historia personal en una causa colectiva. Después de crecer viendo a su madre enfrentar un sistema laboral que no conciliaba trabajo y cuidado, y de vivir ella misma los desafíos de la maternidad temprana, decidió dedicar su liderazgo a una pregunta que hoy interpela a empresas, gobiernos y sociedad:
¿Cómo construimos un mundo laboral que no obligue a las mujeres a elegir entre cuidar y salir adelante? Su respuesta no parte de la teoría. Parte de la experiencia. Y propone un cambio de mirada: dejar de adaptar a las personas a sistemas que las excluyen y empezar a diseñar sistemas que respondan a la vida real.
Poder y sistema
Muchas conversaciones sobre liderazgo femenino se centran en llegar a posiciones de poder. Tú estás trabajando en algo distinto: cambiar las condiciones de acceso. ¿Qué significa realmente transformar un sistema desde el liderazgo?
R/ Yo no llegué a esta conversación desde la teoría. Llegué desde mi historia.
Crecí viendo a mi mamá hacer lo imposible para sostenernos sin que el trabajo le diera las condiciones para cuidar y trabajar al mismo tiempo. Años después (para rematar) me convertí en mamá muy joven, y también tuve que enfrentar un sistema laboral que no estaba pensado para alguien como yo.
Por eso, cuando hoy hablo de liderazgo, no hablo solo de llegar a espacios de poder. Hablo especialmente de cuestionarnos las reglas del juego para todos.
Transformar un sistema desde el liderazgo significa dejar de adaptarnos a estructuras que nos excluyen y empezar a rediseñarlas. No es solo ocupar una silla en la mesa donde se toman decisiones.. es también preguntarse quién nunca ha sido invitada y qué tenemos que cambiar para que sí pueda estar y que su opinión realmente sea tenida en cuenta.
En mi caso, no me interesa que más mujeres entren a un sistema que no las entiende; que consigan un trabajo donde tengan que renunciar en menos de 3 meses por no encontrar garantías mínimas que les permita atender sus labores de cuidado y al mismo tiempo cumplir con el reglamento de la empresa. Me interesa que el sistema cambie para que ellas puedan entrar, quedarse y crecer.
Trabajo y cuidado
Dices algo muy potente: "que cuidar no nos cueste todo". ¿Qué está fallando hoy en el modelo laboral para las mujeres cuidadoras?
R/ Cuando digo “que cuidar no nos cueste todo”, no quiero que suene una frase bonita. Es una realidad que veo todos los días en las mujeres con las que trabajamos.
Hoy el modelo laboral sigue construido sobre una idea que no existe: la del trabajador disponible todo el tiempo, sin responsabilidades de cuidado. Y eso deja por fuera, automáticamente, a millones de mujeres que sí quieren trabajar, pero que también tienen a su cargo la vida de otros.
¿Qué está fallando? Varias cosas. Primero, la rigidez. Horarios inflexibles, presencialidad obligatoria, métricas de productividad que no miden resultados sino tiempo sentado.
Segundo, la desconexión con la realidad. Muchas empresas dicen “no encontramos talento”, pero no se están preguntando a quién están dejando por fuera con las condiciones que ponen.
Y tercero, algo muy arraigado en nuestra cultura: seguimos viendo el cuidado como un asunto privado de las mujeres, no como una responsabilidad compartida ni como una condición para que la economía funcione.
Entonces, ¿qué pasa? Las mujeres terminan pagando un costo altísimo: abandonan el mercado laboral, aceptan empleos por debajo de su capacidad o viven en una tensión constante tratando de cumplir en todos los frentes sin apoyo.
Para mí, el problema no es falta de ganas ni de talento. Es un sistema que no está diseñado para la vida real. Por eso digo que cuidar no debería costarnos todo.
Y ahí es donde tenemos que mover la conversación: no se trata de que las mujeres se adapten mejor, se trata de que el trabajo evolucione para integrar el cuidado como parte de la vida productiva.
Empresas como actores de cambio
¿Qué diferencia a una empresa que realmente transforma de una que solo comunica propósito?
R/ Yo sí creo que hay una intención genuina en muchas empresas de hacer las cosas mejor. El problema no siempre es la falta de voluntad, es el desconocimiento.
Muchas empresas no saben por dónde empezar. Tienen buenas prácticas aisladas (flexibilidad, bienestar, diversidad, etc.) pero no logran convertirlas en sistemas sostenibles ni en decisiones estratégicas del negocio. Se quedan en iniciativas sueltas y no saben cómo traducirlas en resultados.
Por ejemplo, la flexibilidad sigue viéndose como un “beneficio” o incluso como un costo, cuando en realidad puede ser una ventaja competitiva. Pero como no saben cómo medir su impacto en productividad, en retención, en reducción de rotación, en atracción de talento, etc., entonces no la priorizan o la aplican sin convicción.
También hay un miedo silencioso: el de perder control. Muchas empresas siguen asociando compromiso con la presencialidad, o productividad con horas visibles, porque no han aprendido a gestionar desde la confianza y los resultados.
Entonces, ¿qué diferencia a una empresa que realmente transforma?
Que se toma el trabajo de entender. De formarse. De escuchar a su gente. De pilotear cambios y medirlos.
Que deja de ver la inclusión como un tema reputacional y empieza a verla como una decisión de negocio inteligente.
Una empresa que cuida ya no dice “nos importa el cuidado”, sino que se está preguntando constantemente: ¿cómo rediseño mis roles?, ¿cómo mido distinto? ¿cómo hago que esto funcione también para mí como empresa? No tenemos todas las respuestas, pero nuestro reto es precisamente ése. Lograr que esa conversación inicie en las empresas.
Redefinir el talento
Muchas mujeres cuidadoras tienen experiencia, habilidades y valor, pero no son visibles en el mercado laboral. ¿Cómo se redefine el concepto de talento desde esta realidad?
R/ Nos enseñaron a ver el talento en lo que está escrito en las hojas de vida tradicionales, pero hay un mundo de habilidades que nadie sabe cómo poner en su cv.
Una mujer cuidadora sabe resolver, organizar, priorizar, sostener emocionalmente a otros, administrar recursos limitados, tomar decisiones bajo presión… el cuidado no solo ocupa tiempo, también desarrolla capacidades muy valiosas. El problema es que nunca las hemos reconocido como experiencia válida en el mercado laboral.
Y lo que más quiero resaltar de todo esto, es que son también mujeres que no solo tienen todo ese aprendizaje desde el cuidado, también tienen sueños, intereses, capacidades técnicas o profesionales que no han podido desarrollar porque el sistema no les dio espacio. El cuidado las obligó a pausar, no a renunciar a su potencial. A eso le llamo redefinir el talento. No encasillamos a la cuidadora con esas “únicas” cualidades. Tienen todas las capacidades y el compromiso, de hacer mucho más, cuando se les dan las condiciones.
Del discurso a la acción
Si una mujer quiere generar impacto social real, ¿qué decisiones debería empezar a tomar hoy?
R/ Si una mujer quiere generar impacto social real, hay que salir del discurso y tomar acción. Moverse es incómodo, te sientes perdida todo el tiempo. Pero es la única manera. Ir y hablar con las personas que viven el problema, entenderlo desde adentro.
Y algo muy importante: dejar de esperar validación. Muchas veces creemos que necesitamos permiso o recursos grandes para empezar. Yo he aprendido que el impacto empieza con lo que tienes, donde estás, con lo que sabes. Pero con la convicción de saber por qué lo haces.
Una historia que se convirtió en propósito
¿Qué te enseñó tu propia historia sobre el poder de tomar el control cuando el sistema no está diseñado para ti?
R/ Mi historia me enseñó que si encuentro un problema donde puedo dedicar mi vida a intentar resolverlo, entonces tengo que poner todo de mi parte para intentar lograrlo.
Crecí viendo a mi mamá en un entorno laboral que nunca se preguntó qué necesitaba una mujer que también tenía que cuidar. ¿Qué tal que mi papá no existiera? (Así viven 12 millones de madres cabeza de hogar hoy en Colombia.
Después fui mamá joven, y volví a sentir ese choque. He estado en ese lugar donde parece que todo juega en contra: el tiempo, las oportunidades, las expectativas, el juicio. Esto, más que una jugada dura de la vida, se convirtió en un motor de inspiración para ayudar a mujeres que no contaban con las mismas condiciones.
Para mí, tomar el control no fue tener todas las respuestas ni hacerlo perfecto. Fue dejar de intentar encajar en un molde que no me representaba, dejar de pensar que el problema era mío, y empezar a construir algo distinto. Algo que hiciera sentido con mi vida real.
Por eso hoy lo que hago no es solo una causa, es una decisión personal: que las mujeres que vienen detrás no tengan que escoger entre cuidar y salir adelante
Una conversación país
¿Qué debería entender hoy el país sobre el cuidado como condición para el desarrollo económico y laboral de las mujeres?
R/ El país tiene que entender algo urgente: el cuidado no es un tema privado, es un tema económico. Sin cuidado, no hay fuerza laboral. Sin alguien que cuide, alguien más no puede salir a trabajar. Así de simple.
Si no integramos el cuidado en cómo diseñamos el trabajo, vamos a seguir perdiendo talento, productividad y oportunidades como país.
El cuidado no puede seguir siendo invisible. Tiene que ser parte de la conversación empresarial, de las políticas públicas y de cómo entendemos el desarrollo.
Hay liderazgos que buscan ocupar espacios. Y hay otros que se preguntan quiénes siguen sin poder llegar a ellos.
María del Mar Jaramillo representa esa forma de ejercer el poder, una que entiende que el verdadero cambio no consiste únicamente en abrir puertas, sino en transformar las estructuras que durante años las mantuvieron cerradas.
Porque antes del cargo, también existe el poder de cambiar las reglas.
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