Negocios
Fraude digital en Colombia: el riesgo ya no está solo en los hackers
El fraude digital sigue creciendo en Colombia y expone fallas en procesos de identidad y firma electrónica empresarial hoy.
Martes, Junio 2, 2026
El fraude digital en Colombia continúa creciendo a medida que avanza la digitalización de empresas y servicios. Mientras las organizaciones aceleran la adopción de procesos digitales, persisten vulnerabilidades en áreas críticas como la validación de identidad y la firma electrónica, factores que están facilitando casos de suplantación, transacciones fraudulentas y contingencias legales.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Según datos citados por Namirial, el 36,6% de los colombianos ha sido víctima de fraude durante los últimos 12 meses, mientras que solo en el primer semestre de 2025 se registraron 309.158 reclamaciones por fraude digital en pagos y compras, equivalentes a más de 1.700 casos diarios.
La amenaza no siempre viene del exterior
La conversación sobre ciberseguridad suele centrarse en ataques informáticos sofisticados, pero especialistas advierten que muchas vulnerabilidades se originan dentro de las propias organizaciones.
Errores en la implementación de procesos de identidad digital, configuraciones inadecuadas, falta de capacitación y mecanismos débiles de validación se han convertido en puntos críticos que facilitan la acción de los defraudadores.
Elías Barzallo, presidente de Namirial para Colombia y Ecuador, considera que existe una percepción equivocada sobre dónde se encuentran los principales riesgos.
"Muchas organizaciones creen que el riesgo está únicamente en los hackers, cuando en realidad las mayores brechas siguen estando en procesos mal implementados de identidad digital y firma electrónica. Digitalizar sin validar correctamente la identidad puede convertir un proceso diseñado para dar seguridad en una puerta abierta al fraude", afirmó.
La identidad digital se convierte en un activo estratégico
Uno de los puntos más sensibles está relacionado con la verificación de identidad, un proceso fundamental para garantizar que una persona es realmente quien dice ser antes de firmar documentos, realizar transacciones o acceder a servicios digitales.
Cuando estos mecanismos fallan, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de una pérdida económica puntual. Las organizaciones pueden enfrentar contratos inválidos, disputas legales, afectaciones reputacionales y pérdida de confianza por parte de clientes y usuarios.
La relevancia del tema aumenta si se considera que en Colombia circulan anualmente cerca de 200.000 certificados de firma digital, lo que demuestra el crecimiento de estas herramientas en los procesos empresariales y gubernamentales.
Tecnología sin gobernanza puede aumentar el riesgo
El mercado dispone actualmente de soluciones avanzadas que combinan biometría, inteligencia artificial y validación en tiempo real para fortalecer los procesos de autenticación. Sin embargo, los expertos advierten que la tecnología por sí sola no garantiza seguridad.
La efectividad de estas herramientas depende de factores como la correcta configuración de los sistemas, la supervisión permanente de los procesos y la capacitación de quienes las utilizan. De lo contrario, una implementación deficiente puede generar nuevas vulnerabilidades en lugar de mitigarlas.
Entre los errores más frecuentes identificados por Namirial se encuentran la falta de controles robustos de identidad, el uso de canales inseguros para el intercambio de documentos y la ausencia de formación adecuada para los equipos responsables de los procesos digitales.
La confianza digital entra al radar de los directorios
La creciente digitalización de las operaciones empresariales está elevando la gestión de identidad y la confianza digital a un nivel estratégico dentro de las organizaciones.
"El desafío hoy no es solo digitalizar, sino hacerlo bien. La confianza digital se ha convertido en un activo estratégico para las organizaciones: cuando falla, no solo hay pérdidas económicas, también se compromete la reputación y la relación con los usuarios", concluyó Barzallo.
Para las compañías, el desafío ya no consiste únicamente en incorporar herramientas digitales. La prioridad está en garantizar que cada proceso de autenticación, firma y validación cumpla estándares capaces de proteger tanto la operación como la confianza de clientes, ciudadanos y socios de negocio. En un entorno donde el fraude evoluciona constantemente, la gestión de identidad digital comienza a consolidarse como una cuestión de gobierno corporativo y no solo de tecnología.