La ciberseguridad ya no es un asunto de TI: es una decisión de negocio
La ciberseguridad ya no puede seguir siendo una responsabilidad exclusiva del área de TI.
Viernes, Septiembre 11, 2026
Hoy una empresa colombiana puede ver comprometida su operación sin que falle su estrategia comercial, su cadena logística o la calidad de sus productos. Basta un incidente de ciberseguridad para detener procesos críticos, afectar la confianza de clientes y socios, comprometer información sensible e impactar directamente los resultados del negocio. Por eso, la pregunta ya no es si la ciberseguridad debe ser una prioridad para la organización, sino quién la está liderando desde la alta dirección.
Durante años, la ciberseguridad fue una conversación que ocurría casi exclusivamente dentro del departamento de TI. Se hablaba de servidores, redes, herramientas y controles técnicos. Esa visión hoy resulta insuficiente. La transformación digital ha hecho que las organizaciones dependan cada vez más de los datos, la nube, las identidades digitales, los proveedores conectados y los entornos híbridos. En consecuencia, también ha aumentado de forma significativa la superficie de exposición al riesgo.
Colombia no es la excepción. Según el Reporte sobre el Panorama de Amenazas 2026 de FortiGuard Labs de Fortinet, el país registró 10,9 billones de intentos de ciberataques durante 2025 y se ubicó como el tercer territorio más atacado de América Latina, solo detrás de Brasil y México. La región, en su conjunto, acumuló 843,3 billones de intentos. A esto se suma que, de acuerdo con estimaciones de ERC Colombia, el costo promedio de una filtración de datos para una empresa en el país supera los 14.000 millones de pesos, considerando interrupción de operaciones, recuperación tecnológica, investigaciones forenses y pérdida de clientes.
El mayor error que todavía cometen muchas organizaciones es pensar que la ciberseguridad consiste únicamente en adquirir nuevas soluciones tecnológicas. En realidad, se trata de proteger la capacidad de la empresa para operar, atender a sus clientes, cumplir con sus obligaciones legales y recuperarse rápidamente cuando enfrenta un incidente. Esa es una conversación de negocio, no únicamente de tecnología.
En Colombia, este punto cobra especial relevancia por el marco normativo vigente. La Ley 1581 de 2012 (régimen general de protección de datos personales o habeas data) establece obligaciones claras de seguridad, confidencialidad y notificación de incidentes a la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) dentro de los 15 días hábiles siguientes a su detección cuando exista riesgo para los titulares. Más recientemente, la Ley Estatutaria 2573 de 2026 elevó los estándares de verificación de identidad digital y protege a las víctimas de suplantación frente a cobros indebidos y reportes negativos en centrales de riesgo, imponiendo a entidades financieras, de telecomunicaciones y establecimientos comerciales mayores exigencias de controles y de demostración de cómo validaron la identidad de sus usuarios.
La pregunta, por tanto, tampoco debería centrarse exclusivamente en cuánto cuesta invertir en ciberseguridad. Vale más la pena preguntarse cuánto costaría detener la operación durante varios días, perder información crítica, incumplir compromisos con clientes, enfrentar sanciones de la SIC o asumir el daño reputacional que puede tardar años en recuperarse. Vista desde esa perspectiva, la ciberseguridad deja de ser un gasto y se convierte en una inversión para proteger la continuidad, la resiliencia y el cumplimiento del negocio.
Esta reflexión se vuelve aún más urgente con la adopción acelerada de la inteligencia artificial. Mientras las empresas buscan aprovecharla para automatizar procesos, analizar información y mejorar la toma de decisiones, los ciberdelincuentes también están utilizando estas capacidades para hacer ataques más sofisticados, personalizados y difíciles de detectar. La IA acelera la innovación, pero también amplía la complejidad del entorno que debe protegerse. Sin una adecuada gestión de identidades, gobierno de datos y controles de seguridad, el riesgo puede crecer al mismo ritmo que las oportunidades.
Otro desafío frecuente es creer que acumular herramientas equivale a tener una estrategia sólida. La experiencia demuestra que las soluciones aisladas ofrecen una protección limitada cuando no hacen parte de una arquitectura integrada. Hoy las organizaciones necesitan visibilidad sobre sus datos, aplicaciones, identidades e infraestructura para detectar riesgos con mayor rapidez, responder de forma coordinada y garantizar la continuidad de sus procesos críticos, al tiempo que demuestran cumplimiento ante las autoridades.
En este escenario, el valor de un aliado tecnológico va mucho más allá de la distribución de productos. Las organizaciones requieren acompañamiento para integrar tecnologías, priorizar inversiones y convertir soluciones especializadas en proyectos que realmente reduzcan el riesgo del negocio y faciliten el cumplimiento normativo. Ese es precisamente el papel que desempeña CLM como distribuidor de valor agregado y One Stop Shop: conectar fabricantes globales, canales especializados y conocimiento técnico para que las empresas puedan adoptar tecnologías de manera más eficiente, segura y alineada con sus objetivos estratégicos.
La ciberseguridad ya no puede seguir siendo una responsabilidad exclusiva del área de TI. La protección de los datos, la continuidad operativa, la confianza del mercado, el cumplimiento de la Ley 1581 y de la Ley 2573, y la resiliencia organizacional son activos estratégicos que involucran a toda la empresa. Las compañías que entiendan esta realidad estarán mejor preparadas para competir en un entorno cada vez más digital y regulado.
La pregunta, entonces, ya no es quién administra la ciberseguridad dentro de la organización. La verdadera pregunta es ¿Quién está dispuesto a asumir el costo de no convertirla en una prioridad estratégica?
Fuentes de datos citadas:
FortiGuard Labs de Fortinet – Reporte sobre el Panorama de Amenazas 2026 (10,9 billones de intentos de ciberataques en Colombia; 843,3 billones en Latinoamérica).
ERC Colombia – Estimación del costo promedio de una filtración de datos (más de $14.000 millones de pesos).
Ley 1581 de 2012 y Ley Estatutaria 2573 de 2026 – Marco normativo colombiano de protección de datos personales y prevención de suplantación de identidad.