Liderar desde Colombia para el mundo

Liderar no es tener todas las respuestas. Es atreverse a hacer las preguntas correctas y construir, junto al equipo, las respuestas en el camino.

Alberto Pardo

CEO & Founder Adsmovil

Hacer empresa en Colombia no es para los que buscan comodidad. Es para quienes entienden que la incertidumbre no es una amenaza, sino el estado natural del liderazgo.

Cuando fundé Adsmovil, nunca pensé en “crear una empresa local”. Pensé en resolver un problema real con tecnología, con ambición global desde el día uno. El reto no era solo construir un producto competitivo, sino demostrar, primero a nosotros mismos, que desde Colombia se puede liderar una compañía mediatech capaz de operar hoy en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa

En mercados emergentes no hay demasiados referentes que te digan cómo escalar una empresa tecnológica de forma ordenada. Gran parte del camino se construye tomando decisiones con información incompleta, aprendiendo rápido y corrigiendo sin apego al ego. Entendí temprano que el liderazgo no se trata de tener siempre la razón, sino de crear un entorno donde el equipo pueda tomar mejores decisiones que tú. El rol del CEO evoluciona: al comienzo haces de todo; después, tu verdadero impacto está en definir rumbo, cultura y prioridades, incluso cuando eso significa decir más “no” que “sí”.

Sin duda, el equipo es el verdadero diferencial competitivo. La tecnología se puede comprar, el talento comprometido, no. Uno de los aprendizajes más importantes ha sido entender que el crecimiento internacional exige equipos locales fuertes, pero alineados culturalmente. No basta con contratar talento en distintos países. Hay que construir una identidad común, una forma compartida de trabajar, de comunicarse y de asumir la responsabilidad. En Adsmovil apostamos por equipos diversos y con alta autonomía. Personas que entienden que trabajar en una empresa global desde Latinoamérica implica jugar en ligas donde la exigencia es mayor, pero también las oportunidades. Escalar internacionalmente obliga a soltar. A confiar. A aceptar que ya no puedes estar en todas las decisiones ni en todas las conversaciones. Para muchos fundadores, este es uno de los puntos más difíciles. Pero crecer requiere pasar del control al contexto: dar claridad estratégica, objetivos medibles y valores sólidos, y permitir que el equipo ejecute. El liderazgo moderno no es jerárquico; es distribuido. Y eso exige líderes que formen líderes, no seguidores.

Hoy, competir por talento no es solo una cuestión de salario. Las personas buscan propósito, aprendizaje y coherencia. He comprobado que cuando el equipo entiende el impacto de lo que hace, el nivel de compromiso cambia por completo. El propósito no se declara en una presentación: se demuestra en las decisiones difíciles, en cómo se lidera en momentos de crisis y en la forma en que se reconoce el error.

Hacer empresa en Colombia, con mentalidad global, sigue siendo un desafío enorme. Pero también es una ventaja competitiva: nos forma como líderes resilientes, creativos y pragmáticos. Creo firmemente que el futuro de la región pasa por más empresarios que piensen en grande, que entiendan la tecnología como un habilitador y que pongan al talento en el centro de la estrategia.

Liderar no es tener todas las respuestas. Es atreverse a hacer las preguntas correctas y construir, junto al equipo, las respuestas en el camino.