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Tasas al 12%: hogares y empresas enfrentan un segundo semestre de crédito costoso
La tasa de interés del 12 % elevará el costo del crédito en Colombia. KPMG recomienda revisar deudas, proteger liquidez y evaluar inversiones.
Miércoles, Julio 22, 2026
La tasa de política monetaria de Colombia llegó al 12% después del incremento de 75 puntos básicos aprobado por el Banco de la República a finales de junio, una decisión que encarecerá el crédito y obligará a hogares y empresas a revisar sus deudas, presupuestos y planes de inversión durante el segundo semestre.
El ajuste se produce con una inflación anual de 5,8% en mayo, una inflación básica de 6% y presiones sobre las finanzas públicas. El déficit fiscal del Gobierno Nacional Central se proyecta en 6,2 % del PIB para 2026, mientras la deuda pública neta se ubicaría alrededor de 61 % del producto interno bruto.
Estas variables terminan conectándose mediante el costo del dinero, la confianza de los mercados y la percepción de riesgo del país. Para las empresas, el resultado puede aparecer en créditos comerciales más costosos, mayores pagos de intereses y menor margen para contratar, invertir o expandirse.
“Es común pensar que las finanzas del Estado, las decisiones del Banco de la República y los presupuestos de hogares y empresas corren por carriles separados. En la práctica, están conectados por tres variables: confianza, riesgo y costo del dinero”, señaló Fabián Echeverría, socio de Risk Consulting de KPMG en Colombia.
El endeudamiento será el primer punto de presión
Las tasas elevadas afectan especialmente los créditos de consumo, las tarjetas, los préstamos de libre inversión y las obligaciones de vivienda. Para los hogares, asumir nuevas deudas exigirá evaluar con mayor cuidado la capacidad de pago y el impacto de las cuotas sobre el ingreso disponible.
El efecto empresarial se sentirá en las líneas de capital de trabajo, las obligaciones a tasa variable y las refinanciaciones próximas. Una mayor proporción de los ingresos tendrá que destinarse al servicio de la deuda, reduciendo los recursos disponibles para operar.
La presión puede ser más fuerte en sectores con márgenes estrechos, donde trasladar el mayor costo financiero al precio final podría reducir la demanda.
Cuando las tasas permanecen altas durante periodos prolongados, también aumenta el riesgo de mora y deterioro de cartera. Esto puede llevar a que las entidades financieras endurezcan los requisitos para conceder nuevos préstamos.
El consumo puede perder velocidad
El aumento del costo del crédito coincide con una inflación que continúa por encima de la meta permanente del 3%.
Los hogares podrían aplazar compras de mayor valor, limitar el uso de tarjetas y concentrar sus recursos en gastos esenciales. Esa cautela se trasladará a las empresas mediante consumidores más sensibles al precio y decisiones de compra menos frecuentes.
Para los negocios, esto implica revisar las proyecciones de ventas, evitar inventarios excesivos y ajustar las estrategias comerciales a una demanda potencialmente más moderada.
El consumo no desaparecerá, pero podría desplazarse hacia productos de menor precio, promociones o compras financiadas bajo condiciones más selectivas.
Las inversiones tendrán que superar pruebas más exigentes
Con un costo de capital mayor, los proyectos empresariales necesitarán demostrar retornos más sólidos para justificar su ejecución.
Las compañías que planean adquirir tecnología, ampliar instalaciones o entrar a nuevos mercados deberán calcular si la inversión continúa siendo viable bajo escenarios de tasas altas, menor crecimiento o variaciones del dólar.
La misma evaluación aplica para las personas que consideran comprar vivienda o asumir compromisos financieros de largo plazo.
En lugar de utilizar una única proyección optimista, KPMG recomienda someter cada decisión a pruebas de estrés que incluyan cambios en ingresos, plazos, costos financieros y condiciones del mercado.
Cuatro decisiones para proteger la liquidez
KPMG plantea cuatro frentes de acción para hogares y organizaciones durante el segundo semestre.
El primero es realizar una revisión exhaustiva del endeudamiento, identificar obligaciones a tasa variable, anticipar vencimientos y evaluar alternativas de refinanciación antes de que la liquidez se deteriore.
El segundo consiste en proteger la caja. En los hogares, esto supone trabajar con presupuestos realistas y controlar los gastos no esenciales. En las empresas, implica acelerar el recaudo de cartera, optimizar inventarios y preservar el capital de trabajo.
El tercer frente es evaluar las inversiones bajo escenarios conservadores, sin detener automáticamente las decisiones de crecimiento.
El cuarto es seguir las señales fiscales y monetarias, especialmente la inflación, las decisiones del Banco de la República, la evolución del déficit y la reacción de los mercados.
“Disciplina financiera no significa dejar de consumir, invertir o crecer. Significa hacerlo con mayor criterio. En un entorno de tasas elevadas y presión fiscal, la diferencia estará en la capacidad de anticipar escenarios, proteger liquidez y asignar los recursos de forma más estratégica”, afirmó Fabián Echeverría, socio de Risk Consulting de KPMG en Colombia.
La presión fiscal también llega al sector privado
La sostenibilidad de las finanzas públicas no es un asunto aislado de la operación empresarial. Un mayor déficit y una deuda elevada pueden afectar la percepción de riesgo, el comportamiento del dólar y las condiciones bajo las cuales el país consigue financiamiento.
La activación de la cláusula de escape de la regla fiscal entre 2025 y 2027 aumenta la atención sobre la capacidad del Gobierno para recuperar una trayectoria sostenible a partir de 2028.
Para hogares y empresas, el segundo semestre no exige paralizar todas las decisiones, sino calcular mejor sus consecuencias. Con tasas del 12 %, inflación persistente y una situación fiscal exigente, la liquidez dejará de ser una variable administrativa para convertirse en una condición de estabilidad y supervivencia financiera.