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Wearables pueden detectar arritmias silenciosas, pero no reemplazan al médico
Los wearables pueden detectar señales tempranas de arritmias silenciosas, pero no reemplazan el diagnóstico médico ni la evaluación de un especialista
Jueves, Septiembre 10, 2026
Los relojes, pulseras y anillos inteligentes están ampliando su papel desde el seguimiento de actividad física hacia el monitoreo cardiovascular. Entre sus aplicaciones de mayor relevancia está la posibilidad de identificar señales asociadas con arritmias silenciosas antes de que produzcan complicaciones, aunque los especialistas advierten que estos dispositivos no reemplazan un diagnóstico médico.
La principal aplicación clínica es la detección de fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que puede favorecer la formación de trombos capaces de desplazarse al cerebro y provocar un accidente cerebrovascular. Los dispositivos actuales alcanzan, según el insumo, sensibilidad y especificidad superiores al 94 % para identificar esta arritmia.
“Hoy en día el impacto de los wearables ha generado un uso que ha sido fructífero, no solo para los pacientes, sino para los médicos, debido a que nos permiten detectar, vigilar y prevenir enfermedades cardiovasculares”, explica el Dr. Giovanni de la Cruz, jefe del Servicio de Medicina Cardiovascular de Clínica del Country y Clínica La Colina.
Wearables y arritmias: ¿qué pueden detectar realmente?
La fibrilación auricular es, de acuerdo con el especialista, el avance con mayor impacto clínico entre las funciones cardiovasculares incorporadas en dispositivos de consumo y la única función de detección de arritmias que cuenta actualmente con aprobaciones de entidades regulatorias internacionales.
El valor de estos dispositivos está en la posibilidad de registrar información durante periodos prolongados, incluso cuando el usuario no experimenta síntomas evidentes. Una alteración que aparece de manera esporádica puede, por ejemplo, quedar registrada durante actividades habituales y aportar información adicional para una posterior valoración médica.
Los wearables también permiten seguir otras variables relacionadas con la salud cardiovascular, como variabilidad de la frecuencia cardíaca, oximetría, capacidad aeróbica, niveles de estrés y respuesta del organismo al ejercicio.
La calidad del sueño es otra de las dimensiones incorporadas. Los sensores pueden aportar información sobre la eficiencia del descanso y posibles riesgos asociados con trastornos obstructivos, mientras dormir menos de seis horas de forma habitual se relaciona con efectos cardiovasculares negativos.
Un reloj inteligente no puede descartar un infarto
El crecimiento de estas capacidades también trae un riesgo: interpretar la ausencia de una alerta como evidencia de que el corazón está completamente sano.
Los dispositivos tienen limitaciones importantes frente a un electrocardiograma clínico. Habitualmente realizan registros equivalentes a una sola derivación, por lo que no están diseñados para diagnosticar patologías complejas, bloqueos auriculoventriculares o infartos.
“Uno puede tener un infarto y el dispositivo no les va a dar el diagnóstico de infarto, les puede parecer que el electrocardiograma es completamente normal, pero el paciente puede estar haciendo un síndrome coronario”, advierte el Dr. Giovanni de la Cruz.
La advertencia es relevante ante la creciente cantidad de información de salud que generan los dispositivos personales. Más datos no significan necesariamente un diagnóstico más completo, especialmente cuando la interpretación se realiza sin contexto clínico.
¿Qué hacer cuando un smartwatch genera una alerta?
Ante una notificación relacionada con el ritmo cardíaco, el especialista recomienda registrar la hora exacta en la que ocurrió y consultar a un médico o electrofisiólogo que pueda analizar los datos almacenados por el dispositivo. La misma recomendación aplica cuando aparecen síntomas durante el ejercicio, incluso si el reloj no emite ninguna alerta.
La selección de un wearable tampoco debería depender exclusivamente del número de sensores o funciones disponibles. La compra debe responder a las necesidades particulares de salud del usuario y, cuando exista una condición cardiovascular conocida, contar con orientación profesional.
La evolución de los wearables y su capacidad para detectar arritmias muestra cómo la tecnología de consumo empieza a integrarse con la medicina preventiva. El cambio no consiste en llevar un cardiólogo completo en la muñeca, sino en disponer de más información entre una consulta y otra y aumentar la posibilidad de registrar alteraciones que antes podían pasar inadvertidas.
Para pacientes, médicos y empresas de tecnología, ahí está la oportunidad y también el límite: el wearable puede generar una señal de alerta; convertir esa señal en una decisión clínica sigue siendo responsabilidad de un profesional de la salud.